Diario de León

EN BLANCO | JAVIER TOMÉ

Cambio de faldas

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JAVIER TOMÉ
León

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ASEGURAN los satanistas y otras hierbas de parecido calibre que lo que comienza por gusto, suele acabar como religión. No es el caso de Víctor Hugo Casas, un sacerdote argentino de 38 años que ha decidido cambiar de faldas. Con toda la franqueza del candor, anunció en plena misa que dejaba los hábitos para contraer matrimonio. La chismografía es la sal y la pimienta de la vida, así que semejante capitulación espiritual ha causado un fuerte constipado de cabeza a las autoridades eclesiásticas, realmente estupefactazas ante tan increíble bolero de amor. El buen padre Víctor Hugo desgranó a los fieles sus motivos de renuncia a lo sagrado, un monumental petardazo para los atónitos parroquianos. Sin tiempo para negociar un armisticio, confesó que se había enamorado igual que un amante de Teruel, añadiendo que las cuestiones del corazón no se podían parar y creía tener derecho a proyectar una futura familia que incluya los hijos.

«¡Vaya un tuno!», pensaron para sí los acólitos más extremistas, para después decidir que el curita cañón está más recalentado que la pistola del Coyote. Él, sin embargo, se siente decidido a morder la vida con dientes nuevos, pues cree que ha llegado la hora de elegir entre ser toro o torero. Qué lejos han quedado los antañones prejuicios religiosos en contra del género femenino, explícitos en sentencias como aquella que decía: «A las mujeres que se les enseñen los diez mandamientos de la ley de Dios-¦ y a fregar». O ese otro tan brutico de que Dios creo a Adán para acompañar a Eva, pues estaba preñada por dentro y por fuera. Así que despidamos como se merece al sacerdote descarriado, que cambió todos sus valores por las turgencias de un escote. Bendito sea.

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