CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
En León se sigue robando
BUENO, se sigue robando en León y en Villalpando. El ser humano ha sido diseñado para el robo a mano airada o mediante la manipulación o estafa a mano blanca o negra de los recién llegados o de aquellos que ya se han hecho un hueco entre los más famosos ladronzuelos de la autonomía.
Robar, lo que se dice robar, no es, como se supone, manejar un pistolón de fogueo, acercarse a la víctima que siempre parece que debe tener cara de pardillo, y decirle simplemente:
«La bolsa o la vida, compañero, porque esto viene a ser como el atraco a un banco».
Y el interpelado de tan mortal manera, acaba por entregar al ladronzuelo el dinero y las llaves del paraje para que se haga cargo del Audi. La variedad del sistema es amplia: Hay ladrones para todos los gustos y de todos los colores, subrayándose la presencia abundante de gente africana de tez oscura y manos ligeras, pero nunca tontos.
Como, por ejemplo, es un decir, esos señores del Marruecos vecino que después de servir para un ensayo de atraco, se convirtieron en secuestradores, produciendo entre los técnicos de la policía la consiguiente confusión.
Existen fórmulas de robo que han conseguido imponerse en el mercado y que suelen proceder de las Américas de Cortés y Pizarro, seguramente con más circunstancias que Ortega y Gasset, que dedican sus Bellas Artes a la estafa, al asalto, al tirón y a la embestida con el automóvil recién robado contra la entrada de una joyería. Todo sin recelo, sin cautela, sin dar la nota, con sagacidad y valentía. Contra los caballistas de Sierra Morena, se inventó la Guardia Civil y dio resultado. Pero el procedimiento se ha envejecido a fuerza de usarlo y en la actualidad para acabar o para acosar a los ladrones se suele usar del inmigrante sin trabajo o del chico listo en la lista de los candidatos para ocupar puestos rentables...
No faltan quienes prevaliéndose de sus cargos y poderes oficiales u oficiosos se dedican a la caza o echar conferencias, haciendo las Américas. Se denuncia por los técnicos en estadísticas negras que concretamente en León, que ya ven ustedes lo que tiene la Capital del viejo reino de salteado de bienes ajenos, que es un paraíso municipalizado, ha sufrido el deporte del robo, en solamente un año de actividad ilícita, un treinta y dos por ciento de aumento, casi tanto o más que el foot-ball y si no damos con el procedimiento de erradicar el robo como arte humano al alcance de todas las fortunas y tentaciones, llegaremos a conseguir el 100 por 100 de los robos previstos contando, claro es, con los que se producen a la sombra de la política.
Y apostilla el hombre de la casa: «¡Vaya! ¡Ya están robando los que antes no robaban»...
Y es que nada es más contagioso que el negocio de robar. Lo decía Shakespeare: «robar o no robar, esa es la cuestión»... Esa es ya nuestra cuestión.