Diario de León

TRIBUNA

Única condición: «Querer saber»

MARÍA DOLORES ROJOEl Museo Bíblico y Oriental de San Isidoro supone un hito de inigualable repercusión cultural a través del cual comenzamos a sentir como realidad el inminente avance de nuestra tierra

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Una de las sorpresas más agradables que he recibido recientemente ha sido la frase que la persona encargada de la recepción del Museo Bíblico nos dijo, a un grupo de visitantes entusiastas de las culturas antiguas, al paso de nuestro interés por averiguar el sistema de participación en el curso académico programado por el Instituto Bíblico y Oriental: «-¦Única condición: querer saber».

Nunca he tenido, como en este momento, la sensación de estar frente a una verdadera enseñanza abierta. No son necesarios estudios especializados previos, ni títulos académicos que avalen nuestras ganas de aprender. Porque de haber una selección inicial estaríamos privando a quienes en verdad deseen ponerse en contacto con estos interesantes cursos, de la posibilidad de conocer sus contenidos en la fuente directa que suponen los especialistas encargados de ellos. La selección se hará de forma natural y espontánea, más tarde, en caso de que uno no llegue al nivel precisado para comprender los saberes impartidos en estas clases. Pero en cualquier caso volverá a ser una decisión nuestra. El principio del respeto por la curiosidad intelectual desde el único interés de conocer y aprender, queda expresado magníficamente en la propuesta académica avalada por este Instituto desde la absoluta libertad de condiciones. Es, sin duda, la mejor manera de entender la difusión de los conocimientos entre quienes los desean y la más elevada forma de estar entre todos, enseñando para todos. Se trata, pues, de la disponibilidad más exaltada de la cultura al servicio de los que verdaderamente están interesados en ella. En definitiva, la excelencia didáctica planteada desde el criterio de equidad en un medio abierto al flujo de la voluntad intelectual.

No sólo agrada la idea de que todos podamos participar, sino que lo podamos hacer de forma secuenciada rítmicamente con el distanciamiento preciso para abarcar el mayor número de temas posibles en el menor tiempo existente. La organización cíclica de cada curso pautada en tiempos fijos de la semana se complementa con el hecho de ocupar únicamente un día para cada curso lo que permite la acomodación de los alumnos para participar en varios de ellos según su personal distribución horaria.

La temática es más que sugerente. Desde temas bíblicos, históricos, religiosos y lingüísticos, hasta seminarios monotemáticos sobre Alejandro Magno y la religión de Israel o el análisis de la figura de Cristo en su entorno histórico religioso, o un aula de escritura para afrontar el estudio del trazado cuneiforme. A pesar de la especificidad de los temas, encontramos cursos y seminarios dedicados a «Los orígenes del judaísmo», «Historia y arqueología de las ciudades de los evangelios»,»Orígenes del cristianismo», «Alejandro Magno y la religión en su imperio», «De Jerusalén a Atenas: Platonismo y Cristianismo»-¦y otros de contenidos semejantes en los que podemos participar la gran mayoría. En este contexto de apertura, me consta, que los responsables de su gestión pedagógica enseñan medios, ofrecen recursos, generan procesos, corrigen, iluminan, motivan, se sitúan en lo real lejano para acercarlo en positivo a los alumnos participantes trabajando con el finísimo hilo de la historia que a todos envuelve como respuesta a los procesos del pasado de los que de alguna forma, devenimos. Debemos cambiar la mentalidad y disponernos a abrazar lo que nos conmueve si la sociedad nos lo ofrece, como ahora lo hace de esta forma. Buscar en el pasado, comprender los orígenes de la religión que nos afecta, revisar los entresijos de las culturas que iniciaron la historia, acercarnos a figuras tan atractivas como la de Alejandro Magno, su espíritu conquistador y el integrismo que pretendió unificando lo conquistado, nos sitúa en la moderna idea de una globalidad eficaz. El presente y el pasado atados por un mismo hilo miles de años más tarde. Apasionante propuesta que no debemos dejar pasar. Porque deambular por los pasillos de la protohistoria con los vestigios materiales que nos esperan en las vitrinas de este Museo Bíblico, para avanzar, mas tarde, hacia la Historia Antigua cuesta tan poco que nos sorprende como se opera este mágico salto en un vacío que se salva instantáneamente con los restos presentes. Todo un lujo para los sentidos y un exquisito placer para el espíritu que parece encontrar su sentido al paso de lo que se halla en este recorrido único. León se viste de esplendor con esta valiosísima muestra de vida y tiempo engarzada en marcos de arena y polvo. La recreación del entorno natural en el que se ubicaron los hallazgos supone el mejor exponente del mundo que acogía la cultura del momento. Una cultura en la que muy pronto encontramos paralelismos con la nuestra sorprendiéndonos con la existencia de documentos como contratos de adopción o alusiones a la actividad pedagógica de una maestra que ejercía su función en la comunidad con autoridad y reconocimiento. Ver, mirar, sorprendernos, descubrir y emocionarnos con lo que encontramos en la muestra es todo un mismo sentimiento que se manifiesta espontáneo a cada paso por ella y que nos obliga a desear repetir la experiencia de la mano de un guía capaz de avivar cada sensación particular y canalizar nuestros deseos de encuentro con el pasado, bajo directrices especializadas para extraer del recorrido el mayor valor cultural posible. Posibilidad que se brinda a los grupos si se concierta la cita previamente.

Comenzamos a sentir como posible el rescate de la grandeza que León siempre ha tenido. Cada día más podemos abrazar la idea de llevarla nuevamente a la gloria histórica que nunca debió perder. No debemos obviar el auge que está cobrando la defensa del idioma propio o ese empeño por reavivar tradiciones y costumbres de estos lugares, rutas turísticas o hábitos culinarios que singularizan nuestra provincia entre el resto. Porque la memoria no debe perderse cuando se trata de la defensa de lo propio y sin ese sentimiento de identidad no conseguiremos que ocupe el puesto destacado que se merece.

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