Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

¿Y tú, qué vas a ser de mayor?

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VICTORIANO CRÉMER
León

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LO CONFIESO: Me encantan los niños y más aún las niñas. Se me van los ojos y lo mucho o poco que me quede de entusiasmo ante las vicisitudes de la crisis y hay niños de mis infancias que forman parte de mi propia biografía. De una niña me enamoré un día y para siempre y tuve la suerte de contribuir a engendrar y seguir el curso vital de hijos, de nietos y aún de biznietos.

De tal modo este apego o entusiasmo por los niños y jóvenes sin graduación es sólido e inalterable, que cuando una madre me presenta a sus hijos y unos hijos me presentan a su vez a una madre, me siento como obligado a preguntar a los unos y a los otros, quizá por educación o por cubrir el protocolo:

«¿Y tú, qué vas a ser cuando consigas ser mayor»?...

La madre acucia a su hijo preferido a que conteste de acuerdo con su talento natural, con la formación que hubiera recibido y con el futuro al que aspira la familia, muy de derechas y muy tradicional.

El infante, ya talludo, apenas si se detiene unos minutos en pensarlo, pero apenas transcurrido el tiempo que la legislación y la democracia permite, responde:

«Pues verá usted, yo al principio pensé en hacerme cura de catedral, pero así que me dijeron que eso no se concebía por la gracia de Dios, sino que había que estudiar y aprender el latín de corrido, lo dejé y me puse a estudiar para político alternativo, o sea de lo que luciera más y pagaran mejor».

La madre de la criatura, asistente a la consulta improvisada, se dirigió a mí para confirmar el valor del zagal:

«Ya le dije, señor: el muchacho es listo como un conejo de los invasores y si le sugieres la posibilidad de poder llegar a ser un hombre de provecho mediante el estudio, se me encara con aire desafiante:

«Yo no necesito estudiar ni nadie me ha informado de que para ser alcalde por ejemplo hubiera que conocer la lista de los Reyes Godos; de modo que de esta vocación nadie le sacará y el niño será alcalde o no lo será, pero es lo que prefiere...». Y como el chico de Don Berlusconi que seguramente no estudió nada para ser presidente de Italia, tampoco el niñato piensa en coger un libro como no sea para ver «los santos» o láminas con figuras en estado de merecer.

Y es que en la España -”incluso en la España desacelerada-” todo el mundo cree haber nacido para Ministro cuando menos y el trabajo lo abandonan para cubrir las plazas de inmigrantes en vendimias.

En otros países que no son España, las gentes suelen nacer y estudiar para ser algo importante en la vida: como pintor o como concejal, pero eluden cualquier compromiso que suponga integrarse con generaciones de estudiantes o de industriales descubridores de la penicilina.

Sencillamente, porque hay que trabajar, porque hay que sacrificar años en repasar lecciones, en merecer el puesto de gloria que le sea posible conquistar por sus méritos y no por la influencia de sus parientes ricos o por el concejal de ocios y zaragatas. Esta es la realidad de España y así nos luce.

-”Y entonces, ¿por qué sabe lo que sabe?

-” Porque en lugar de hacer el Bachillerato me puse a estudiar...

-” ¡Así cualquiera!

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