Chopos, cuestión de sexo
Aquí te espero camino GALLEGO
Cada año, cuando llega la primavera, la capital se llena de unas pelotas blancas que producen los chopos y que son causa de alergias, suciedad y sucesos. Cada año ocurre y no se pone remedio. Cuando era pequeña ya había chopos en la ciudad, pero no se veían por las calles esos incómodos pelujos; y, por supuesto, esas alergias, rinitis o picores de ojos, tan abundantes ahora, no existían.
Según los expertos, esos volátiles los producen los chopos hembra, que por lo visto se han plantado con profusión en los últimos años, hasta el punto de que en algunas zonas alfombran de blanco el suelo, se forman grandes montones que el viento esparce, o un movimiento fuerte, y además la chavalería ha cogido la costumbre de prenderlos, sin pensar que arden con gran facilidad y el fuego puede propagarse. No hace muchos días, cuando comenzó el calor, los Bomberos realizaron en una sóla jornada nada menos que veintiséis salidas y al día siguiente unas veinte. En su mayoría estaban provocadas por los cerillazos que se daban a estas pelotas blancas, o a las hierbas.
¿Es que nadie piensa solucionar un problema tan grave y costoso, que se acaba con cortar esos chopos femeninos para replantarlos con la misma especie pero en su variante masculina?
La madera cortada puede sufragar el gasto del corte y de la repoblación. Además se ahorrará mucho dinero en años sucesivos al evitar salidas de los Bomberos, todo estará más limpio, por lo que jardineros y servicio de limpieza podrán dedicar mayores esfuerzos a otros menesteres y los ciudadanos lo agradecerán ya que no habrá tantos estornudos ni picores alérgicos.
El chopo es de rápido crecimiento, así que en poco tiempo las varas que se planten volverán a dar sombra.