Obama y la Inquisición
Historias del reino | margarita torres
Cierto que la comparación con Bush beneficiaría hasta a una oveja pinturera con ardores de presidenta, lástima que Hillary Clinton, por mujer, se quedase en la cuneta electoral y llegara Obama al trono de Washington. Ella trató en tiempos de establecer un sistema de salud similar a la Seguridad Social en un país, donde si eres de clase media, te cuesta un riñón o la doble hipoteca de la casa mandar al niño al dentista para una ortodoncia; y en el presente fue candidata degollada por el machismo militante norteamericano, que considera que el país no está preparado para que gobierne una dama. Después del speech feminista, que de verdad que no podía menos que exponerles visto lo visto, vamos con Obama.
Aprovechando dos verdades como templos: que necesitamos un nuevo planteamiento en las relaciones con los países musulmanes y que los Palestinos manda narices que sigan sin estado, soltó en El Cairo una perla política de altura: «El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Basta observar en la historia de Andalucía y Córdoba durante la Inquisición». Con dos bemoles. El carismático líder asevera que Andalucía y Córdoba son ciudades, que ya es echarle porque ni se ha mirado el Google ni la wikipedia, bases del conocimiento del saber intelectual de última hora. Confunde, a mayores, Al-Andalus con la Autonomía de Chaves, y cita la Inquisición española como ejemplo de tolerancia, cuando fue creada para localizar, procesar y condenar a todos los que pensaran distinto religiosa o políticamente. Pues nada rapaz, verás qué ejemplo de tolerancia más majo cuando aparezcan los tipos del látigo, las cárceles y la tortura y te encierren por hablar la lengua de los Satanases protestantes. Dos azotes, orejas de burro y contra la pared, para comenzar, y luego a aprenderte de memoria la relación de los inquisidores mayores comenzando por Torquemada, librepensador donde los hubiera, que vendió un crucero turístico por el Mediterráneo a los judíos en 1492. Y qué decir de la otra Inquisición, la musulmana, que también la hubo, traída desde África por los almorávides y los almohades, que perseguía por igual a moros, cristianos y hebreos españoles. Baste recordar al sabio Maimónides o al ejemplar Averroes, paradigmas de la ciencia y del conocimiento. Ambos, judíos y moro, hubieron de huir a Marruecos para salvar el pescuezo ante tamaña tolerancia.
Todo un lujo de cultura fue la etapa del Califato de Córdoba, convertidos en Andalucía y la Inquisición por un Obama cairota a quien mejor le han de marchar las cosas si repasa antes la historia de las culturas con las que pretende dialogar. Un egipcio, un iraní, un palestino jamás confundirían New York con el Amazonas, aunque los dos estén en América. Pues nada, a mandar, faro de Occidente, y que sepas que los españoles, aunque nos consideres aliados del tercer mundo, distinguimos a los sioux, que eran indios, de los rubicundos colonos que llegaban en carretas por las verdes praderas. Estos niños bien de Honolulú qué peligro tienen. Y luego dicen algunos que nuestros políticos son incultos-¦ El Nobel, visto lo visto, que se merecen.