Pues claro, hace falta dinero
Nubes y claros | maría j. muñiz
El caso es hacer estudios, informes, análisis; y sacar conclusiones, propuestas, iniciativas. Que sean más o menos peregrinas parece al fin y al cabo ser lo de menos. Y algunas conclusiones de los estudios realizados o bien se caen de obvias o bien de exóticas, por utilizar un calificativo suave.
Por ejemplo, y sin ánimo de ofender al investigador, que seguro que sus razones tiene, leemos en los medios: «Un joven debería cobrar 3.500 euros más para poder comprar una casa». Lo dice el Consejo de la Juventud, que explica cómo una cuarta parte de los menores de 25 años no tiene recursos para afrontar el pago de una vivienda. Lo que por otra parte no sólo ha ocurrido siempre, sino que tal y como están las cosas tampoco parece tanto porcentaje: implica que tres de cada cuatro jovencísimos sí pueden comprar un piso, lo que no está nada mal.
Lo que resulta chocante es lo de los sueldos de más de 3.500 euros. Si así fuera, no sólo los jóvenes, sino la inmensa mayoría de los españoles, no llegaríamos en la vida a habitar bajo techo en propiedad. Una cosa es que me digan que hace falta mucho dinero para vivir en el centro de Madrid o en San Sebastián, que para eso no hace falta investigar mucho; y otra que hay que tener superingresos para acceder a un piso en la mayor parte del país.
Se aclara luego que el ideal de este informe es que los jóvenes dediquen un 30% de lo que cobran a la compra de una vivienda, y no más del 86%, como tendrían que hacer en la actualidad. Pues va a ser que no. Dedicarán más, concretamente hasta donde estén dispuestos a arriesgar los bancos, que últimamente no es mucho.
La preocupación por la dificultad de acceso a una vivienda en propiedad no deja de chocar con la filosofía que aboga por el fomento del alquiler como fórmula de vida, como ocurre en otros muchos países europeos. Los pisos son caros, sí. Y van a seguir siéndolo. Pero así hemos empezado todos, y aquí estamos. Hipotecados.