Diario de León

¡Agua, agua, agua que se quema el río...!

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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Crémer contra Crémer

No es que nos quedemos sin río si el agua lo abrasa, los que nos quedamos sin agua y sin río, somos los ciudadanos de a pie, que posiblemente no dispongan de numerario como para beber agua de Vichy en las comidas y vino de Valdevimbre en las bebidas.

El Ayuntamiento infelizmente presente en el caso, está provocando al personal sediento con sus manejos de privatización del líquido elemento con el que contamos para aplacar la «sede».

Sin andarse con rodeos ni con manantiales, el ilustre de la Casa de la Poridad, sin consultar con la almohada ni con el vecino, por sí y ante sí y de acuerdo o mejor dicho en desacuerdo con los contribuyentes ha tomado la decisión de privatizar el agua de beber y el agua de lavarse la cara y la conciencia.

A partir de este movimiento espectacular del Municipio de dos alcaldes y una partida numerosa y no siempre bien coordinada de opiniones ni de talantes, la municipalidad decreta o se dispone a ello, la privatización del agua.

Y como consecuencia de esta curiosa y dramática decisión, la Ciudad, nuestra Ciudad y sus afluentes se quedan secos.

Y el ciudadano tendrá que pagar por un traguito de agua cristalina rebosante de pamplina, tanto como los Caballeros de Antaño, que diría Valle Inclán, pagaban por una borrachera feliz de ambrosía.

O sea la ruina nos amenaza de nuevo y con la violencia o mejor dicho con la insolencia que de la ignorancia y la indiferencia ante la pobredad del personal a su cargo y la absoluta falta de agua en nuestros humedales. ¡Esto sí que es la tragedia padre, madre!

Porque León, que fue siempre Ciudad de fuentes y de ríos, quedará relegada a la condición de sede de secano y de míseros e infelices vendedores de agua.

Exactamente como cuando las aguadoras acudían con los cantaritos de Parcero a las fuentes de la Catedral o de Santo Domingo o de la Cárcel a llenar su acopio de aguadores a diez céntimos el cántaro.

La estampa de los aguadores de León se hizo tan popular que no se concebía casa de medio pelo que no dispusiera para su remedio de agua limpia y barata.

Luego, al paso de los años y aumento aristocrático de la Sociedad se determinó la desaparición de las aguadoras y su producto para declararse al margen de las exigencias laborales del aguador.

Y fue la transformación del aguador por la vecina de cántaro en fuente de barrio, como las fuentes del Ejido o las de Renueva o las de la Calle de las Fuentes de La Corredera...

Bueno pues se acabó lo que se daba y ahora y en la hora de nuestra desgracia, el que quiera un baso de agua que le pague en taquilla, que el Municipio necesita dineros, muchos dineros, para pagar sus deudas y los jornalillos de los bomberos y los jornalazos de los hombres de nómina fija... Y para este menester, el Municipio que en paz descanse decreta la privatización del 49 por 100 de las pocas aguas que nos quedan.

Y el pueblo reclama que ya que no nos den pan que nos den agua. Y que como en esta manipulación se sospeche un manejo incorrecto de los bienes del común (que no del Ayuntamiento) se produce la manifestación protestaria: ¡Agua señores del Concejo, que se quema el río!

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