Diario de León
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El corro | pedro vicente

Entre las muchas lecturas interesadas de las pasadas elecciones europeas ha estado la realizada por el PP en Castilla y León, que no ha dudado en deducir de sus resultados el primer fracaso electoral de Óscar López, el líder del PSOE en la comunidad autónoma. Como tantas otras, esa conclusión no se sustenta sobre ninguna base objetiva. Además de resultar obvio que el 7-J se ha votado en clave nacional, el retroceso socialista en Castilla y León, siendo notable, ha sido menor que el registrado en el conjunto de España.

Dicho lo cual, no es menos cierto que ese resultado resulta muy desalentador para los socialistas en la perspectiva de las elecciones municipales y autonómicas de 2011. La contundente derrota sufrida en las nueve provincias -incluido el feudo leonés- y la fuerte irrupción del partido de Rosa Díez no constituyen los mejores augurios. Pero no es de recibo atribuir a Óscar López una derrota que debe apuntarse por completo en el debe del gobierno Zapatero. Cuestión diferente es analizar el balance que presenta el secretario autonómico del PSOE en los nueve meses que lleva en el cargo.

Tras el fracaso de Ángel Villalba, López fue acogido como la gran esperanza blanca, concitando los máximos apoyos internos y muchas expectativas externas para poder erigirse en la ansiada alternativa de gobierno que necesita esta comunidad. Pero la estrella emergente -se llegó a hablar incluso del «efecto López»- ha ido languideciendo, a mi juicio a causa de una equivocada y confusa estrategia respecto al gobierno de Juan Vicente Herrera. Su objetivo de ser percibido como un político capacitado para gobernar le ha arrastrado hacia una compulsiva obsesión de pactar por pactar, en claro detrimento de su obligación de ejercer la oposición y el control a la Junta. Con el agravante de que alguno de esos pactos, como el de las Cajas de Ahorro, además de hipotecar su labor de oposición, ha abierto serias fisuras entre la Ejecutiva autonómica y la dirección del partido en varias provincias.

Aquellas turbulencias internas en torno a las Cajas -motivadas por el ninguneo de q ue fueron objeto los responsables provinciales del partido-deberían haber hecho reflexionar a López sobre su errónea pretensión de atribuirse poderes decisorios absolutos, olvidando la elemental premisa de que la dirección autonómica tiene su verdadero anclaje en la estructura provincial. Pero no ha sido así. Lejos de extraer esa elemental consecuencia, el secretario autonómico se ha permitido ignorar con facilidad pasmosa las posiciones provinciales del PSOE cada vez que las mismas han entrado en colisión con decisiones del Gobierno Zapatero. En lugar de respaldar la postura de sus compañeros, López no duda en alinearse siempre con el Gobierno, actuando como si fuera el Delegado del mismo y no el responsable del partido en la Comunidad. Ha ocurrido con el cambio de trazado de la Autovía del Duero, está ocurriendo con la central nuclear de Garoña y veremos si no ocurre con la línea eléctrica Sama-Velilla. La estrategia mantenida por López respecto a la Junta podrá ser discutible, pero no respaldar las posiciones políticas de su propio partido en cada provi ncia resulta tan inaudito como suicida.

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