Una villafranquina que pretende estar en su sitio
Tribuna | M.ª Teresa Rico González
Por primera vez voy a hacer una excepción contestando a un escrito publicado en esta Tribuna y dirigido a mi persona.
Afirmo que no tengo ninguna fijación con la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Villafranca del Bierzo, faltaría más. Le puedo asegurar que esta persona no me quita un ápice de sueño; su capacidad política no reúne las condiciones necesarias para entretenerme ni un minuto. Mí tiempo y mis energías los dedico a cosas más provechosas. Entiendo que le molesten y cabreen las críticas, pero por eso no voy a estar callada. Tengo criterio y opinión y lo seguiré expresando.
Fue toda una sorpresa saber que se había autoproclamado defensora de los villafranquinos. ¡Qué pena que no lo fuera en la pasada legislatura!
De todas formas yo, de manera ingenua, creía que aún tenía luces suficientes para leer entre líneas y saber a quien dirigía mis comentarios, pero compruebo que la bombilla está fundida y necesita con urgencia repuestos. El caso es que en su crítica ya reconoce que es curioso que yo salga contestando los escritos que sobre política municipal firma el Partido Socialista, lo que indica que entiende, quizás torpemente, que esas letras iban dirigidas a ustedes y solamente a ustedes, los concejales socialistas . En ellas cito a Vicente Cela y a usted específicamente y de pasada al resto de concejales socialistas. No entiendo tampoco en que parte de mi escrito pongo insultos contra su persona. Lo que les he llamado en numerosas ocasiones a lo largo de los cuatro años de su malgobierno ha sido: inútiles, incapaces e incompetentes. Y sigo manteniendo esa opinión.
Si alguien insultó al resto de villafranquinos llamándoles duros de mollera, cortos de entendederas, legañosos y lo que quiera añadir, esa persona fue usted, la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Villafranca del Bierzo. Así que hágalo directamente y utilizando su nombre. A mí, los ciudadanos de Villafranca, tengan las ideas que tengan y opinen como quieran, me merecen el máximo respeto y consideración. Este es uno de los motivos de mi contestación. Si alguien se sintió ofendido, será porque se identifica totalmente con usted y con su forma de pensar y actuar, pero será su opinión particular. La cual no es compartida por mí.
Me complace saber que sigue atentamente mis escritos sobre política nacional y otros temas (la política de andar por casa ya vemos que también le interesa); seguramente no ha leído todos, pues me han publicado unas 60 cartas datando la primera del año 1.995. Lamento haber ofendido su inteligencia por, según usted, mis escasos conocimientos. De todas formas yo tengo mi opinión, que puede ser compartida o no, que expreso con total libertad, una palabra que a ustedes les molesta mucho. ¿Se acuerda de la libertad que dio su compañero, Vicente, cuando prohibió a los empleados del Ayuntamiento acudir a determinado bar? Claro que ni caso le hicieron. Le informo que pienso seguir teniendo opinión propia y la osadía de mandar a los medios de comunicación lo que me parezca oportuno alabar, juzgar o criticar. Puede hacer dos cosas: Leer o pasar olímpicamente. ¡Ah! y no necesito presentarme, aunque lo haré. Perdone mi falta de humildad, pero leen mis cartas muchas personas en toda la provincia. Lo sé porque me lo comunican.
Compruebo que ha rectificado y ya admite que se hicieron obras, todas mal según su sabio entender. También compruebo que tal como escribí y resaltaron en Tribuna, ni reconocen ni reconocerán el incremento de deuda dejada por ustedes. Ya se sabe que la mejor defensa es un ataque. Se entiende que durante cuatro años hicieran malabares, en su caso juegos malabares, pues aparte de convertir el Ayuntamiento en su coto particular, montaron en él un circo monumental. No voy a repetir todo lo citado en mi anterior carta. No me retracto de nada.
Reconozco que mis medios económicos no me han permitido viajar mucho, siempre menos de lo que hubiera deseado. Supongo que se nota que soy una pueblerina. Se aprecia a simple vista que tiene una experiencia magnífica en sus salidas al exterior. Disculpe por haber citado sólo a Pernambuco. Seguramente usted tiene unas posibilidades vetadas para mí que le permiten esos «lujos «.
Otro motivo de contestación es aclararle que no soy la señora Millán. Desde que nací soy María Teresa Rico González, villafranquina, la hija de Pancho, colaboradora con la mayoría de los actos que se celebran en la villa. Secretaria de la Junta Local del Partido Popular, al que pertenezco desde mis inicios en política. Yo al menos no engaño a nadie; voy a todos los sitios con la cabeza alta y a cara descubierta porque fue la opción que libremente escogí. A mí no me llaman traidora. Casada con Agustín García Millán, alcalde de Villafranca del Bierzo durante dieciséis años y después de un paréntesis de cuatro años, es nuevamente alcalde, fue senador por León y Diputado Provincial de Bienestar Social. Tenemos tres hijos. Compartimos alegrías y tristezas, trabajos y descansos, días buenos y no tan buenos, opiniones y criterios comunes y diferentes,... como la mayoría de matrimonios. Estamos juntos porque queremos. Son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Pretendemos envejecer en compañía. Reímos y lloramos al unísono. Nos apoyamos y ayudamos mutuamente...
Lo que tenemos muy claro es que ninguno es propiedad del otro. Como las alusiones son hacia mí, le diré que, por suerte soy una persona muy libre e independiente. Una de las palabras más hermosas que existen y a la que recurro innumerables veces es Libertad. No seré nunca eso que los llamados progresistas consideran «señora de». Si así se identifica usted, me merece el máximo respeto, pero no lo comparto.
Yo sí tengo muy claro quién soy y dónde estoy. Conozco mis limitaciones; no intento dar lecciones a nadie; procuro aprender algo nuevo cada día; muy lejos de ser prepotente o mandona. Totalmente integrada en una sociedad, pero sin depender de nadie. Estoy segura de que la mayoría de los villafranquinos me consideran correcta y educada. Una persona que quiere lo mejor para su pueblo y arrima el hombro siempre que tiene posibilidad.. Como me defino a mí misma: una persona de mandil y zapatillas, o sea una currante de a pie.
Perdone mi osadía por usar con frecuencia una frase,( refiriéndose a mi persona ) que se atribuye a Sócrates: Yo solo sé que no sé nada.
Ya sabe: A palabras necias, oídos sordos.