El dedo en la llaga
El corro | Pedro vicente
E l informe anual del Consejo Económico y Social de Castilla y León (CES) planeó en torno al Debate sobre el Estado de la Comunidad celebrado la pasada semana en el parlamento autonómico. Aunque dicho informe se aprobó con posterioridad, sus aspectos críticos hacia la gestión de la Junta eran conocidos previamente y ello se dejó notar en la sesión parlamentaria. La portavoz socialista, Ana Redondo, lamentó que el dictamen del CES no hubiera sido aprobado con anterioridad, ya que a su juicio podría haber sido el documento de referencia para centrar el propio Debate. De hecho es lo que propuso de cara a sucesivas ediciones. Los informes del CES gozan de credibilidad y autoridad. La primera se asienta en el rigor y la independencia con que son elaborados; la segunda en el hecho de que son producto del consenso de las organizaciones económicas y sociales representadas en la institución. Su informe anual sobre la situación económica y social de Castilla y León constituye un certero diagnóstico que no se puede -al menos no se debe- tomar a humo de pajas. Que yo recuerde, ningún presidente de la Junta había reconocido hasta ahora en sede parlamentaria el fracaso de alguna de sus políticas. Y aunque fuera con eufemismos, lo cierto es que Juan Vicente Herrera reconoció el otro día negro sobre blanco las «disfunciones» de la estrategia regional sobre población que ha venido siguiendo su gobierno. Tanto es así que la Junta ha decidido jubilar dicha «estrategia» y sustituirla por una nueva «agenda» que haga frente a la emigración juvenil, eleve el índice de natalidad y frene el éxodo de la población rural.
Sospecho que a ese reconocimiento del pecado y propósito de enmienda del presidente Herrera en materia de población no han sido ajenas las contundentes conclusiones del CES sobre el particular. Como no podía ser de otra forma, el informe certifica el fracaso de las medidas de fomento de la natalidad, deplora la sangría de la emigración juvenil y expresa su alarma ante la pérdida de población autóctona. Visto como ha evolucionado el padrón en el 2008, no hace falta ser adivino para aventurar que, alcanzado el punto de inflexión de la inmigración extranjera, Castilla y León acabará el presente año perdiendo censo en términos netos.
Conocedor de lo que contenía el informe del CES, resulta obvio que Herrera ha preferido tomar la iniciativa y anunciar un nuevo rumbo en materia de población. Sorprende sin embargo que ni el presidente de la Junta ni el grupo socialista hicieran el menor hincapié en los desequilibrios territoriales internos entre provincias, otra de las grandes llagas que mantiene abierta la Comunidad. Un problema que naturalmente tampoco le pasa inadvertido al CES, que viene clamando año tras año por una Ordenación del Territorio en Castilla y León contemplada con el sentido global del que carece el enjambre inconexo de directrices y subdirectrices promovidas en estos últimos años. A falta de un vencedor político neto en el hemiciclo de las Cortes, yo diría que el verdadero ganador del pasado Debate sobre el Estado de la Comuni dad fue el informe del CES. Una victoria figurada que de poco servirá si su contenido sigue cayendo en saco roto.