Sobre el idioma que nació al amanecer
Tribuna | Roberto Hoya
autor de Paisaje interior con letras (Vademécum para el viajero del Camino de la Lengua Castellana)
A medida que transcurren los años van aflorando novedosas «partidas de nacimiento» referidas al idioma castellano, cada una da fe del origen de esta lengua en un lugar diferente. Los monasterios riojanos de San Millán de la Cogolla fueron los primeros señalados como cuna del castellano, más tarde surgieron voces discrepantes, por ejemplo, las que argumentan que el castellano nació en Valpuesta, entre Burgos y Álava,,o las que sitúan la venida al mundo de nuestro idioma en el paraje donde las villas burgalesas de Frías y Oña se abrazan, que se llama Cillaperlata. Ahora le toca el turno a Valdederrible, en Cantabria. «El castellano nació en Valderredible y en unos días, este asunto quedará completamente aclarado. La Universidad de Tennessee va a sacar un volumen titulado El idioma español nació en Valderredible, Cantabria» . Así se expresa, en una reciente entrevista, el señor Revilla, Presidente de Cantabria.
Dios me libre de contradecir a toda una universidad como la de Tennessee. Nada sé de Tennessee, confieso mi ignorancia, y al igual que con todo aquello que desconozco, su universidad tiene para mí la categoría y el respeto de lo bueno que algún día quizá me de tiempo a descubrir. Sin embargo, ante a las eufóricas manifestaciones del señor Revilla, que se complementan con banderizas frases de soflama temperamental, creo que es oportuno exponer algunas ideas sobre los dogmas del «nacimiento del castellano».
El habla castellana, como cualquier idioma, es una creación colectiva que fue tomando cuerpo paulatinamente, un proceso de años, de siglos, que no sólo es lingüístico: la economía, el devenir político y las estructuras sociales también tienen su empuje. La génesis del castellano, como es sabido, se encuentra en los movimientos de colisión del habla local con el latín, que comenzaron a partir del siglo V.
Según los expertos, esta metamorfosis surgió en la cuenca del alto Ebro, que es una referencia territorial extensa, imprecisa, pero genuina, porque los ríos constituyen una llamada geográfica más estable que las particiones que inventa el hombre. Dicho esto, es evidente que tratar de focalizar el origen de un idioma en unos cuantos metros cuadrados no es propio de una investigación rigurosa. Además, aplicar las divisiones geopolíticas actuales a unos hechos tan dilatados y lejanos en el tiempo da como resultado una construcción falaz.
Por otra parte, reconozco que «la cuna del castellano» o «el nacimiento del castellano» son metáforas sugestivas, que tienen un extraordinario eco. Admito que caí bajo la seducción de estas figuras literarias en un libro que hace algunos años escribí sobre el Camino de la Lengua Castellana, un recorrido a través de la literatura que parte de San Millán de la Cogolla. Pero una cosa es aplicar dichas metáforas a un concepto didáctico, a un proyecto cultural o a una promoción turística, y otra bien distinta es hacerlo de tal modo que la idea de nacimiento o cuna designe y represente a toda una investigación con aspiraciones de ser respetada. Ojalá que el trabajo sobre Valderredible tenga el rigor científico que la lengua castellana se merece, pero el título con el que se enaltece el señor Revilla no coadyuva mucho, parece más bien un eslogan; no olvidemos que los publicistas tratan en muchas ocasiones de vendernos mercancías mediante asociaciones metafóricas y que el propio señor Kaplan, autor de la investigación, apunta que las iglesias rupestres de Valderredible «merecen más atención turística».
Emilio Alarcos definió las Glosas Emilianenses como «la más antigua aparición escrita, por ahora, de algo que no es latín y parece castellano». Más tarde, con el descubrimiento del Códice Emilianense 46 se engrosó el patrimonio de los legajos primigenios del castellano aparecidos en San Millán de la Cogolla, donde se viene trabajando desde hace años en un proyecto histórico y cultural entorno al idioma, que incluye el Centro Internacional de Investigación de la Lengua, pero que también deriva en una proyección turística.
Cualquier nuevo descubrimiento sobre el idioma castellano que acredite credibilidad, debe ser acogido con respeto desde La Rioja, venga de donde venga, así se irá ampliando el acervo común del habla castellana, que fue madurando a lo largo de siglos hasta que llegó a ser el medio de comunicación habitual en las plazas, en los mercados, en los caminos, en los castillos-¦
Filólogos, paleógrafos e historiadores dicen que hay mucho por investigar y que los resultados son difíciles de objetivar, debido a que no siempre trabajan con idénticos métodos de averiguación. Entiendo que, al no utilizar la misma vara de medir, el retal que en un sitio parece dar para hacer un mantel, en otro apenas llega para una servilleta. En esta tarea, como en otras de la vida, se impone la sabiduría de la modestia porque «la lengua es una razón humana que tiene razones que el hombre no conoce», decía el maestro Lévi-Strauss. De seguir apareciendo cunas por todos los rincones, con el nacimiento del castellano pasará igual que con la metáfora del nacimiento del sol que , a fuerza de simbolizar al amanecer, ya no sirve para hablar del origen del planeta.