Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En:

Con permiso y sin él susana vergara pedreira

I magino al poeta sentado en el Bar Río, entrando la luz por el ventanal, por su izquierda, por dónde si no, diría él, el Diario desplegado, leyendo la noticia de su muerte, la parroquia entera esperando el comentario socarrón, y la pregunta de cada mañana ¿café don Victoriano? y él, gruñón, «¡ya ves, me deben ver viejo... o respetable que es peor».

Estaba el poeta en el Bar Río, la luz dando por la izquierda, el periódico abierto, escudriñando la noticia de la muerte de Chencho. «Escucha, tu calla y luego dí que no me importa lo que digan de mí así que mejor que callen. Dilo, que no hagan como con Chenchín, que hasta sus enemigos le escribieron. Lo harán conmigo y contigo, pero tú no lo verás. Yo sí, no te rías. Yo estaré sentado aquí».

No he pasado por el Río. Para qué, si él habrá estado allí, a la derecha de la luz. Nadie sabrá si le ha gustado pero es seguro que habría dicho que no. La verdad. Se lo podía permitir. Había aprendido la ventaja que da el tiempo. Decía lo que le parecía y lo hacía en alto, muy alto. Que descubrió también el beneficio de ser sordo y de hacerse pasar por tal. Le gustaba llevar la contraria. Se había especializado en hacerlo en público con sus biógrafos oficiales. Les discutía el sentido de su obra, el significado de su verso, la intención de su prosa y, si se ponían a tiro, como él estuvo, hasta la fecha de su nacimiento, un misterio que cultivó con dedicación. La única mano izquierda que tenía está a los pies de la Catedral, en el monumento de Uriarte. Se negó a dejar impresa en hierro la derecha. Le gustaba celebrar el día de Santiago, la fecha en la que le salvaron del pelotón de fusilamiento, pero aún más contar, quién sabe si era verdad, que cada 25 de julio iba al Hostal San Marcos a comer y pedía a los camareros que se vistieran de carceleros. El lunes, Crémer sólo hubiera consentido las lágrimas de sus hijos y las de Marta y Javier, así, sin más, que no necesitan apellidos. Ni idea de dónde estará ahora el poeta. Tal vez haya encontrado la luz que tanto buscamos.

tracking