Palos y astillas
Al trasluz | eduardo aguirre
Un libro para el verano: Marco Aurelio, retrato de un emperador humano y jus to, de Anthony Birley. Y con un hijo perverso, añadimos nosotros. Cómodo tuvo una adolescencia complicada (para los de Ciencias, es el malo en Glad iator). Pero lo suyo fue más allá de la edad del pavo. A veces, los genes hacen un triple mortal y unos buenos padres no logran la réplica ajustada a esa bondad, sino una mala copia pirata, chapuza de transgénico. Marco Aurelio, autor de las bell as Meditaciones , estoico buscador de verdades y equilibrios, tuvo un retoño que se cargó la Pax Romana, entre otras devastaciones. Dicen que somos la suma de lo que nos aportan nuestros genes, más la influencia del entorno, más aquello que queremos ser como personas, y que es en esto último donde reside la clave más importante de la condición humana, en la voluntad de construirse. Aquí, el palo y la astilla provienen del mismo árbol pero de muy distintas ramas. Al padre, la vida le ponía melancólico, pero en vez de darle por quemar Roma, o casarse con su caballo, como a otros, escribía pensamientos. Por ejem plo, La mejor forma de vengarse de un enemigo es no parecérselo . A Cómodo sólo le interesaban las musas para degollarlas. Ante la falta de parecido moral entre ambos, habrá quien se pregunte si había realmente parentesco, pero tales elucubraciones olvidan ese tercer elemento que nos conforma: la voluntad de ser. Nos construimos tanto por identificación como por rechazo. También junto al Marco Aurelio lúcido existió el perseguidor de cristianos. El emperador filósofo se equivocó al nombrar sucesor a un retoño caprichoso y brutal. Gran pifia. El corazón también bombea errores. Sí. La vieja historia del ruido y la furia. Nada nuevo. Muy shakesperiano, pero antes de Shakespeare.