Diario de León
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VICTORIANO CRÉMER
León

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El legado (15)

Marco vive cerca de Roma. Tiene sobre sí ya cerca de cincuenta añitos, es mariquita y quiere hacerse monja. Para ello se ve obligado a cambiar de sexo, de condición, de seducciones y de modos de matar los malos deseos que le acometen, por la noche, por la mañana y por la tarde a la hora española de la siesta.

Para llevar a cabo sus fines, que según declara no hacen daño a nadie y cuando él lo asegura, sus razones tendrá ha iniciado, con más fe que talento, la aventura de cambiar de sexo, porque lo que él desea fervientemente, devotamente no es seguir siendo un mariquita de la Vía Apia romana, sino una monja con todas las de la ley de Dios que se le pudieran exigir. En Roma, capital de Berlusconi, el cambio de mariquita en monja no es nada fácil, pero Marco, que tiene más moral que el alcoyano, no se para en barras y se ha entregado a la aventura: Para empezar puso el caso en conocimiento del cura de la parroquia, el cual, después de escucharle con más paciencia que un santo, le mandó a la mierda. «Pero jilipollas, debió de contestarle, ¿es que no te basta con ser más marica que Apolo Délfico? Pero ¿qué piensas hacer tú como monja, si no sirves ni para mariquita? Anda y que te den por el saco.

Y le cerró la celosía del confesionario. Y Marco, todo lloroso, que es que chorreaba que daba pena, se dirigió hacia el Palacio del señor obispo de la diócesis de Roma, (que yo no sé si es el Jefe del Vaticano, el hosco alemán que le niega si es necesario el pan a una gaviota, le recibió naturalmente como reciben todos los obispos italianos, con mucha zalamería, con discurso en itálico modo y con gestuación que hace recordar a la señora madre que le parió.

Y después de escucharle, se permitió unos minutos de silencio para preguntarle: «¿Y qué es lo que haces mientras se te arregla lo de ser monja bomba?»

Y Marco, muy educadamente y sin levantar la mirada respondió: «Yo trabajo todo el año, pero claro es, cuando se acerca el mes de Mayo, que es el mes de María, abandono el tajo y me dedico a la preparación científica para convertirme en monja como todas.

La novela sentimental de Marco, el marica más famoso de la Italia de Lola Lolobrígida entre otras que no son monjas, es tremendamente dramática y si no se parece a la Dama de las Camelias es primero porque no le conceden la transformación de macho aunque descafeinado ni la entrega al monjío en Alaska.

La gente itálica lo toma a broma pero en honor a la verdad la biografía de este mariquita en ascuas que pretende ser monja tiene a todo el mundo occidental y cristiano que no sabe qué hacer con él. Y este, o sea Marco el mariquita, en vista del escaso éxito de sus gestiones en Roma, está ahorrando liras para acudir a un lugar del Norte de Europa en donde sin duda aceptarán hacerle monja. ¡Como si quiere decir misa!...

Pero a mí, como al Piyayo, me da pena y me causa una llorera imponente.

Nota: Fallecido el pasado día 27 de junio a los 102 años de edad, Victoriano Crémer había adelantado, según su costumbre, una serie de artículos que el Diario de León, interpretando que cumple la voluntad del autor, publica bajo el epígrafe El legado y la referencia numérica de cada uno de ellos

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