Diario de León
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Tribuna Mª Ángela Bernardo Álvarez

Estudiante de la Universidad de León

Dice un viejo proverbio chino que toda crisis viene acompañada de una gran oportunidad. En estos tiempos en los que los medios de comunicación nos bombardean con noticias relacionadas con la terrible situación económica y la publicidad se aprovecha del estado emocional de la ciudadanía para incitarnos al consumo de productos «anticrisis», convendría reflexionar seriamente sobre las causas que nos han conducido al momento actual y especialmente, a los efectos que podrían desarrollarse a partir de la crisis; es decir, no ahogarnos en las corrientes del pasado, sino tratar de aprovechar la marea del presente, para que en un futuro, podamos alcanzar de nuevo la tan ansiada playa.

Durante años se habló de la burbuja inmobiliaria, del imparable crecimiento de la economía nacional a través del auge de la construcción, de la subida de la inflación, de las hipotecas «para toda la vida», del Euríbor-¦

Hoy se habla de expedientes de regulación de empleo a lo largo y ancho de nuestro país, de cierres de empresas, de pisos vacíos, de créditos inalcanzables, etcétera.

Toda crisis provoca temor, angustia, peligro, no sólo a nivel individual, sino en la sociedad en general. Miedo a un futuro cuanto menos incierto, dadas las condiciones económicas y sociales del presente actual. Sin embargo, en el corazón de cada crisis se esconde una gran oportunidad, sólo visible para aquellos que sepan ver más allá, que vislumbren un porvenir positivo en medio del caos generalizado de la caída de la economía a nivel mundial.

En las piezas de este gran puzzle que abordamos, nace con fuerza la idea de reestructurar el sistema económico nacional. Si hasta ahora nuestra economía se había basado en el sector turístico y la construcción, muchas voces apuestan ahora, críticamente, por una transformación total, y no un mero maquillaje, de los pilares de nuestra economía. Partiendo de esta idea, el gran paradigma de «I+D+i» (investigación, desarrollo e innovación) concibe un cambio estructural en la organización de las empresas, Universidades y en general, del sistema económico de los grandes países industrializados.

No podemos analizar la coyuntura económica actual sin ver en ella una oportunidad de futuro. Y frente a esa realidad, la transformación de nuestros sistemas productivos debe relanzar a nuestro país a los escalafones más altos del crecimiento económico internacional. En ese sentido, en la provincia de León contamos con una ventaja y con un grave inconveniente.

Partimos de la base de tener una Universidad relativamente joven, aunque no lo suficientemente desarrollada (estudios recientes la sitúan a la cola de la investigación en España). Sin embargo, las expectativas de futuro en el sector de I+D+i abren una brecha de optimismo para el futuro de la provincia. León tiene una fuerte tradición en el sector de la industria farmacéutica, veterinaria y biotecnológica; empresas como Antibióticos, Laboratorios SYVA, Laboratorios Ovejero o el Instituto Biomar, así lo certifican. Nuestra provincia, como cuna de varias generaciones de futuros licenciados y licenciadas en Biotecnología, no debe perder el tren de la innovación, sino servir de referente, no sólo a nivel regional, sino también nacional, de cómo apostar por un cambio estratégico en las estructuras socioeconómicas que lo integran. Así, la apuesta por empresas de reciente creación, como la spin-off Bioges Starters o la compañía Genhelix, mantiene la apuesta por la tradición en un sector tan cambiante como el de la Biotecnología.

Sin embargo, una gran mayoría de la sociedad desconoce lo que significa en realidad «Biotecnología», y sólo la asocian con una amalgama de palabras confusas y atemorizantes para muchas personas, como por ejemplo «transgénicos» o «clonación». Lo que mucha gente no sabe, es que la Biotecnología, con todas sus grandes vertientes y aplicaciones, constituye en realidad el futuro. Todas las ramas de esta Ciencia se agrupan en colores, según su distinto aprovechamiento, y así nos encontramos con la Biotecnología roja, relacionada con la Medicina (¿se imaginan contar dentro de un tiempo con suficientes órganos para transplantes, detectar una enfermedad a tiempo y tratarla de forma individualizada mediante terapia génica o enzimática?); la Biotecnología blanca o industrial (donde englobamos las fermentaciones «tradicionales» del vino, pan o cerveza, y las nuevas producciones de proteínas, antibióticos, bioplásticos o incluso biocombustibles) y la Biotecnología verde (fabricando biopesticid as o biorremediando, es decir, haciendo que bacterias, hongos o plantas aprovechen los residuos industriales como alimento, y por lo tanto, contribuyan a la mejora del Medio Ambiente; o las aplicaciones en el sector agroalimentario, de importancia crucial para nuestra provincia).

Decía el escritor Víctor Hugo que «el futuro tiene muchos nombres; para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos lo desconocido y para los valientes, la oportunidad». No dejemos que la niebla del presente nos impida ver el horizonte, y trabajemos por un futuro de progreso. León tiene una oportunidad. No la desaprovechemos.

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