Un viaje necesario
La veleta | fernando jáuregui
Han sido bastantes las voces que se han levantado en España en contra de la visita a Caracas del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos. Alguna de estas voces, especialmente desatinada, ha llegado a decir que con ello «se apuntala el régimen dictatorial» de Hugo Chávez. Lo peor de todo no es que algún medio de comunicación exaltado esté dando auténticas lecciones de falta de sentido del Estado; lo peor es que lo hagan algunos representantes del principal partido de oposición.
Vaya por delante que la política exterior española ha sido en ocasiones errática y errónea, adjetivos que son principalmente aplicables a ciertas actuaciones especialmente desafortunadas del propio presidente Zapatero. Y que el titular de Exteriores, en España como en todos los países, no es sino el encargado de ejecutar los planes diplomáticos del jefe del Gobierno. En este sentido, me parece que Moratinos, que tantos ataques ha recibido desde la prensa, no pocas veces por su manera volcánica de recibir las críticas, está actuando con más que suficiente profesionalidad, y así lo reconocen, lo he comprobado, la mayoría de sus colegas.
Ultimamente, lo cierto es que los aciertos superan a los errores: la presencia de España en el G-20, sea o no a título oficial, me parece significativa, y no podemos alegar solamente que el cambio de titular en la Casa Blanca, además de la indudable simpatía que existe entre ZP y Sarkozy, hayan sido los exclusivos motores del cambio. Sigue faltando una planificación global de la acción exterior española, de acuerdo; pero, al menos, los desastres escasean más que antes. Y no me hablen de los últimos episodios, el guineano y el gibraltareño, como parte de esos -˜desatinos-™ que le achacan a Moratinos. Ahora viene el encuentro con Hugo Chávez, precisamente cuando el volcán de Honduras -donde trata de extenderse la influencia bolivariana- está en erupción. Nunca más imprescindible que ahora este viaje de un jefe de la diplomacia a Venezuela: a Chávez, que es lo que es y no me despierta la menor simpatía, sino todo lo contrario, hay que reconocerle que ha instalado una cierta seguridad jurídica en sus arbitrarias relaciones con los inversores españoles. Y, en todo caso, es quien está ahí. Misión de toda diplomacia es procurar relaciones armónicas, y hasta privilegiadas, con la mayor cantidad de países posible.
No es tarea del ministro de Exteriores de nación alguna derrocar dictaduras e instalar democracias; ojalá pudiera serlo, pero no es esa su misión. Creo que hay razones de sobra para aconsejar la visita de Moratinos, y quién s abe si después la de Zapatero, a Venezuela.