la opinión del lector (I)
El Hospital, ante todo «complejo»
El día 15 de mayo se jubiló nuestro compañero y amigo David Falagán Pérez, después de más de cuarenta años de servicio y siempre con grandes inquietudes de mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeros, hasta el último momento, ya que el día 1 de mayo entregó en la Gerencia de Atención Especializada de León su último escrito reivindicativo recordando machaconamente sus históricas reivindicaciones. El pasado 1 de mayo, como representante de los trabajadores del Área de Salud de León, se dirigió al director gerente de Atención Especializada de León, con algunas reivindicaciones históricas, en defensa de lo que consideró justo tanto para los trabajadores como para la sociedad, en un campo sensible como es la sanidad, y en un ámbito tan acuciante como es el mundo hospitalario. Posteriormente se produce el cese y nuevo nombramiento de gerente, aunque teniendo plena validez los argumentos expuestos, salvo en que puedan tomarse como carta de bienvenida y de propuesta de retos en esta nueva gestión. El Complejo Asistencial de León quisiera ser sobre todo asistencial, pero es ante todo «complejo». — Complejo le parece al ciudadano cuando deambula por sus pasillos enormes buscando un destino incierto, que aún se antoja más complicado cuando se pregunta a alguien con uniforme y se encuentra con que no siempre pueden orientarle, pese a tratarse de trabajadores del hospital. — Complejo le parece al paciente ingresado en la medida que sufre las eternas obras de esta institución o los recorridos interminables que produce el tratamiento de su mal. — Complejo para unos trabajadores que permanecen en una mesiánica espera, que puede ser que concluya la provisionalidad de sus instalaciones, o que se resuelvan las carencias tras la instalación definitiva del servicio, o de una gestión errática y conservadora que lleva a la necesidad de que finalmente se pueda «poner orden» en medio de este caos interesado que es la Atención Especializada en León. — Como se ha visto, el Hospital de León es «complejo» hasta para lograr una mínima estabilidad en la permanencia de sus gerentes en los últimos años. El estudio serio y fundamentado de las necesidades reales del personal de cada servicio y en cada categoría es una necesidad, que como representantes de los trabajadores venimos demandando desde hace muchos años, y para hacerlo es necesario una exigencia y un compromiso que están basados en los enfermos como centro de la razón de ser del hospital, superando las tentaciones de poner la sanidad al servicio de otros intereses ya sean económicos, políticos o profesionales. Precisamente un Reglamento de Funcionamiento Interno es una vieja aspiración no atendida, que podría servir tanto a la ordenación funcional como a optimizar los recursos humanos en un contexto en que los profesionales conocerían mejor sus derechos y deberes se reducirían los campos abonados a la arbitrariedad que tanto gustan a algunos. Por último, y no con menos valor, nos encontramos con uno de los aspectos más sensibles en el campo laboral, como son los recursos puestos al servicio para facilitar el acceso al trabajo de las personas con cierto nivel de discapacidad, que precisan no sólo de medidas jurídicas, sino del apoyo de toda la sociedad y en concreto de los gestores de un servicio público como es el Hospital. No sólo se trata de garantizar la cobertura de los cupos reservados a personas minusválidas, sino la toma de medidas para facilitar su integración y su realización laboral, que pasa por el estudio sobre la idoneidad de los puestos y que evite conflictos a la hora de repartir cargas laborales entre los trabajadores. No es fácil que asignaturas pendientes de muchos años se vayan a superar ahora repentinamente, lo que sí es fácil de constatar es si en cada momento, los responsables de la gestión del hospital en cada uno de estos frentes, dan pasos que conducen a atender y ponen en vías de solución estos problemas, o permanecen indiferentes a ellos dejando que siga pasando el tiempo y cronificando sus daños hasta que el fatalismo resignado considere estos afanes como utopías.