Diario de León
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El mirador | antonio papell

La primera economía europea, la alemana, sor prendió a partir de los datos conocidos anteayer con el buen dato de un crecimiento del Producto Interior Bruto del 0,3% durante el segundo trimestre del ejercicio, tras cuatro trimestres consecutivos de crecimiento negativo. La Oficina Federal de Estadística explicaba que el cambio de signo se ha debido al buen comportamiento del consumo interno y las inversiones públicas; asimismo, también el sector exterior ha mejorado gracias a un descenso de las importaciones que ha compensado la caída de las exportaciones. Pese a ello, la profundidad de la recesión ha sido de tal magnitud -”la economía ha llegado a caer al 7,1% anual-” que al fin del presente ejercicio el Gobierno espera un retroceso del 6%. De cualquier modo, si no se truncan las expectativas (y hay todavía dudas sobre el particular), 2010 será ya el año de la recuperación de la locomotora europea.

Poco después de esta fausta noticia, la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, informaba de que también la economía francesa ha repuntado un 0,3% en el primer trimestre, gracias particularmente al sector exterior, muy beneficiado por el crecimiento de las exportaciones de automóviles, que ha aportado un 0,9% al crecimiento del Producto Interior Bruto.

Los buenos resultados europeos han llegado cuando la prensa internacional registraba los buenos augurios de la Reserva Federal americana, que asimismo hacía pública su impresión de que la economía norteamericana se estabiliza. Y todo ello ocurre después de que en el último trimestre las economías china y de otros países asiáticos reemprendieran con fuerza la senda del crecimiento. De hecho, la mayoría de las prospecciones expertas de las últimas semanas han sido optimistas. «Desde el principio del verano -”escribe el prestigioso Informe de Coyuntura de Caixa Catalunya fechado el 20 de julio pasado-”, los síntomas de mejora de economía mundial se han ido acumulando. De esta forma, el consenso sobre la consolidación de los llamados brotes verdes ha aumentado en las últimas semanas y sugieres que regrese a unas tasas de actividad capaces de atender la demanda real, que es del orden de trescientas mil viviendas nuevas anuales. Más de la mitad de los trabajadores de ese sector deberán, pues, emigrar hacia otras actividades.

Así las cosas, es urgente que se emprenda el tantas veces anunciado cambio del modelo de crecimiento, centrado en sectores de alto valor añadido, lo que requiere un esfuerzo singular en materia de I+D+i y de educación para conseguir mayores cotas de productividad. La Ley de Economía Sostenible que prepara el Gobierno para otoño va precisamente en esta dirección, pero es claro que una simple actuación normativa no solucionará el retraso que España padecerá a la hora de sumarse a la recuperación general que, como se ve, ya apuntan las grandes potencias continentales. El esfuerzo requiere además, sin duda, una profunda revisión del sistema de relaciones laborales y un cambio intenso en la actitud de los agentes sociales.

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