Miedo a León
A esgaya | Emilio gancedo
Esto se lo preguntan, o se lo plantean, o lo piensan, o lo temen, o lo intuyen. De una manera probablemente nebulosa, gaseosa, amorfa, o quizás no tanto. Por eso podíamos probar a poner en letra impresa, aunque sólo sea por un momento, esos pensamientos y esas inquietudes, jugar a imaginar las cuestiones que podrían debatir o airear unos cuantos encorbatados sin nombre dispuestos en torno a una valiosa mesa de caoba. ¿Hablarán así? ¿Se dirán estas cosas? ¿O estamos ante un espejismo causado por el fuego del verano, puro humo de rastrojos? Sea como fuere, escuchemos sus palabras, es posible que aprendamos algo...
«¿Os imagináis que esta gente despierte un día? -”comentaría uno-” ¿Habéis pensado en la posibilidad de que llegue el momento en el que todos estos arriscados se sienten en la misma mesa y alcancen discernimiento suficiente como para escucharse, comprenderse y, por tanto, principien a emprender acciones, colectiva y solidariamente? No parece factible por el momento, pero, ¿quién sabe?».
«No parece, no, pero en todo caso la posibilidad existe -”respondería otro-”. Y es sin duda una posibilidad temible. Con esa variada extensión, ese enorme y romántico patrimonio, esa naturaleza desbordada, esos argumentos históricos, etnográficos y lingüísticos, todo eso del Viejo Reino...». «¡Una segunda Navarra, una Cantabria del ángulo noroeste, una Rioja de montañas nevadas y anchas riberas, a eso pueden aspirar perfectamente, y de hecho lo hacen los malditos!», terciaría otro más.
«No os preocupéis, divide y vencerás, esa será, ahora y siempre, nuestra máxima. Mirad al Bierzo, cómo, con cuatro engaños y una pseudoadministración, lo estamos apartando del ser leonés; ¡y ahora le llega el momento a la Montaña Oriental! -”concluye otro-”. Pero tampoco olvidéis a los leoneses a nuestro servicio, siempre ansiosos de medrar, ¡esos nos hacen el trabajo por sí solos!».
Todos ríen y aplauden, divertidos.