Diario de León
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La veleta | agustín jiménez

Las reporteras extranjeras que asistieron a las elecciones afganas protegían su virtud con un chaleco salvavidas; las de TVE la adornaban con un brioso pañuelo. Pero las protagonistas eran unos bultos móviles, espectrales en aquellos eternos mediodías, que culminaban en mirillas del tamaño de media cara. Los llaman burkas y es altamente probable que debajo, detrás o en medio de tal catafalco, latan venas de sangre y caracoleen rizos de mujeres animosas, coquetas, esperanzadas como seres humanos. Las mujeres mirilla escudriñan un entorno pequeño y reticulado. Son otra de las especies que tienen una visión propia de Afganistán, un país que lo más seguro es que ni exista. Si los hombres fueran hijos de un dios feliz, Afganistán sería un sitio fabuloso, el centro del mapa terráqueo donde confluyen las caravanas del este y del oeste para celebrar la magnificencia de la seda. Tras los rusos y los ingleses llegamos todos los demás. Normal que nos estemos preguntando qué pintamos ahí, observados, desconocemos con qué intenciones, por las mujeres mirilla. Para las razas brutas -”los mercenarios de Blackwater, los militares que tienen que ejercitarse, los tipejos de la CIA o esa porción de ingleses que, en cuestión de guerra, se apuntan a una ronda de aspirinas-”, Afganistán es una escena estupenda, la última oportunidad que queda de instaurar la democracia entre los infieles. Para la gente sensible, es una obligación moral. Hacia quién o contra quién no sabrían decir pero lo cierto es que, tras los fiascos de la era Bush, Afganistán es la última guerra justa que queda. ¡Qué problema se les plantearía a Obama, a la Chacón, a todos los progresistas de buena voluntad, si los ejércitos no sirvieran para nada!

Aunque a los afganos no se les puede dejar solos, en Afganistán no podemos seguir treinta o cuarenta años más. Los talibanes se han mudado a Pakistán. Obama perderá la presidencia. Y, mientras las afganas nos contemplan por la mirilla, los europeos, una vez más, haremos el ridículo por fiarnos de la diplomacia inglesa (aunque algunas empresas inglesas habrán hecho el negocio, como han hecho probablemente con el trueque del terrorista libio de Lockerbie). Un señor, kuwaití tal vez, ha adquirido notoriedad con un cómic que arrasa en los países árabes y que van a pasar por la BBC de la mano de Endemol, la productora, ex Telefónica, de Gran Hermano. El título, 99 , se lo sugirieron al autor el 11 de septiembre -”once por nueve: noventa y nueve-” y el número de atributos comentables de Alá, encarnados en héroes positivos que dan la réplica a los muñecos de las series de Marvel. Uno de los personajes es Batina la Escondida. Va con burka y combate de miedo.

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