El lado humano de la despoblación
Historias del reino margarita torres
Mucho esfuerzo, sacrificio personal y vocación costó en este país que los pueblos tuvieran maestro, que los niños y niñas del entorno rural pudieran conocer algo de números y letras para defenderse en una sociedad clasista, agresiva, de ricos y pobres, alfabetizados y analfabetos. El saber nos hace libres, también responsables. Una carga cuyo peso desborda las capacidades de muchos de esos que deciden quiénes estudian cerca de su entorno familiar y quienes deben emigrar desde la más tierna infancia, corderos enviados al matadero de la despoblación. Las escuelas representan el alma de los pueblos, la vida que aún pugna por resistir rodeada de abuelos que, un día no muy lejano, llenaron esas mismas aulas hoy huérfanas, jugaron en el patio en el que ahora rompe la vegetación, esbozaron sus dudas con tiza y admiraron o no a quien, armado de regla o bondad, trataba de meterles en la cabeza las bases de un futuro próspero, el asiento de una igualdad que ahora, precisamente ahora, cuando nadamos en democracia hasta ahogarnos, desaparece.
Esta semana han comenzado las clases para la chavalería. Los colegios se resienten por la baja natalidad, propia de unos padres jóvenes, a menudo seiscientoseuristas, a quienes ya engañó el sistema haciéndoles creer que, con una correcta formación, se llega tan lejos como sostengan las alas de tus ambiciones. Pero esas alas, como las de Ícaro, se quemaron en el sol de la cruda realidad. ¿Cómo vamos a tener hijos, si ni siquiera disponemos de un futuro, si para pagar una hipoteca necesitamos empeñar hasta las joyas de la tatarabuela, si los empleos del todo a cien se transforman en sometimiento, si los sindicatos no muerden al gran empresario, si los autónomos se encuentran forzados a apagar el motor del coche de la economía de este país ante la falta de apoyo? ¿Cómo vamos a tener hijos, si la única opción para ello es vivir en la ciudad, donde encuentras apoyo sanitario y cierto mercado de trabajo? ¿Cómo vamos a tener hijos para llenar las escuelas de San Esteban de Nogales, San Pedro de las Dueñas, Ardón, La Ercina, Valle de Finolledo o Sahechores?
Aunque cueste admitirlo, la culpa no la tiene quien realiza el esfuerzo de mantener operativas escuelas con cuatro alumnos, sino los últimos 15 años en los que se ha presionado al ganadero para que cierre sus explotaciones, se ha abandonado a su suerte al agricultor, no se incentiva a las familias para residir en el medio rural, carecemos de una malla sanitaria adecuada a los criterios de una orografía enemiga, se abandonan carreteras y se construyen frontones, se almacena carbón y no se utiliza. Buscar culpables no tiene sentido ya. Si acaso todos lo somos por permitirlo, por no rebelarnos, por no atrevernos a alzar la voz, no vaya a ser que se molesten quienes mandan, por no conseguir quitarnos del cuello la argolla de la esclavitud que un día rompieron nuestros antepasados frente a la poderosa Roma. En Soria, entre 1968 y 2000 se cerraron 347 escuelas. Ahora, en 2009, es lógico que Europa considere a gran parte de esta provincia «desierto demográfico». ¿Cuál será la próxima en recibir tal galardón? Hagan apuestan. Se admiten varias posibilidades.