Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Crónicas bercianas MANUEL FÉLIX

En una de estas mañanas en las que el perro me saca de casa a pasear me llamó la atención cómo jugaban dos niñas de unos siete o nueve años. Jugaban a las casitas, pero en su variante más economicista y especulativa. La vida misma. Hacían montones de tierra a modo de paredes en un solar vacío situado junto al chalé pareado de sus papás, le colocaban ramas de hierbas secas imitando árboles de maqueta, y como guinda del asunto, le adosaron un cartel -”pintado por ellas-” que decía lo siguiente: «Se vende».

Me acerqué y les pregunté el precio. Después de vacilar y examinar mi interés, me dijeron que un millón de euros. Les respondí que me parecía caro y me interesé por el motivo que les impulsó sacar a la venta su primitiva vivienda. Y más pasmado me quedé. Con su terminología infantil, tras rebajarme el precio, me confesaron el agobio de sus padres por los gastos mensuales, que no daba para más el asunto, que no podían vender su propiedad porque nadie compraba, y ¡Agárrate tú!, que los bancos habían cerrado el grifo. Por eso, la única solución para las dos niñas-hermanas era fabricar su propia casita y venderla, sacar dinero a la desesperada y ayudar al núcleo familiar.

Fantasías infantiles aparte, la situación está cruda. Seguro que esas niñas de Ponferrada viven aparentemente con menos apuros que otras, pero la fiesta va por barrios. Su aflicción era manifiesta. Vamos, que la problemática la están mamando en casa.

Han pasado las fiestas patronales de La Encina en Ponferrada, y la ciudad, y también el Bierzo, parece seguir sumido en el impás previo a la gran tormenta. No se mueve una hoja, y cuando lo hace, en dos días aquí arde el monte por todos los costados. Da la sensación que todo el mundo está conteniendo la respiración, que está esperando ver el final del vacío en una caída en picado. Hay miedo. El empresario a los impagos, y el currante, a perder el trabajo y no poder pagar la letra de la casita de ladrillo.

En medio de este marasmo -”que espero desaparezca-” me da la risa floja al comprobar lo cabronceta que es la raza patria. Lo criticamos todo, y el pecado de la envidia nos ciega. Y si no me creen les pongo un ejemplo muy local. Resulta que este año cambiaron el escenario de las fiestas de la Encina en la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada. Del naciente lo pasaron para el poniente, dando la espalda al instituto Gil y Carrasco. Bueno, pues ya hubo más de un político chinchón que el asunto le molestó. ¿Saben porqué?, porque alguien que mandó mucho en la ciudad tiene allí terraza. Con este percal, me haré una casita de papel.

tracking