Diario de León
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Historias del reino margarita torres

Así le ladraba un padre cabreado a un jefe de estudios, después de ejercer violencia física sobre la directora de un colegio público en Madrid. Horror social, noticia de telediario, titular de prensa, formas que enmascaran la compleja tarea de educar a chavales, padres y docentes mezclados al alimón sin la directriz del respeto, sin la autoridad de que quien enseña sabe lo que hace y que quien aprende ha de aprovechar una oportunidad que la sociedad le ofrece.

No es momento sólo de cifras, tampoco de echarle las culpas a leyes educativas a propuesta de demagogia captadora de votantes, hijas de ministros de los años noventa. Es tiempo de soluciones, de respuesta al 12% de maestros y profesores de secundaria que denuncian violencia por parte de alumnos o progenitores. Sólo en la Comunidad de Madrid -ahora en la cresta de la ola mediática-, en seis meses se registraron 2.400 casos de agresiones y acoso. Cuelgan de youtube, de móviles, de blogs, miles de videos grabados con infamias tales como vejar el honor de los docentes tratando de desnudarles en clase mientras explican, arrojándoles objetos contundentes a la cabeza, pegándoles en los pasillos ante la indiferencia del miedo de sus compañeros. Es lo que ocurre cuando se mima al cachorro sin límites a sus instintos. Los padres, a menudo explotados por una sociedad de capitalismo feroz, apenas disponen de tiempo para sus hijos, para corregir aptitudes negativas, y arrojan responsabilidad a los do centes. Pero, a éstos, nefastos ministros de educación que fueron una década atrás, desposeyeron de su autoridad en el aula, de la presunción de veracidad en sus declaraciones, forza ron al refugio del miedo, de la inseguridad, de la depresión, de la baja por stress. Cien euritos cuesta arrearle una torta al profe, nada si no hay testigos de la agresión.

Para corregir tales desafueros, la presidenta de Madrid concederá a los docentes rango de autoridad pública, medida que algunos sindicatos aprueban y que, para las víctimas del sistema educativo, representará un respiro. Un modelo que debería implantarse en el resto de las autonomías. Mas no ha de suponer tal apoyo una ruptura en el pacto tácito de control mutuo de los padres a los profes y viceversa. Porque desde el otro lado de la barrera también se observan casos de dictatorial tratamiento por parte de ese puñado de herederos de modas franquistas, apuntes amarillos, roñosos de contenido y papel, y deseos de afianzar sus menguados arrestos sobre la amenaza del poder docente. Pero se trata, por fortuna, de una especie en extinción, escasos ejemplares de dinosaurios jurásicos frente a la gran mayoría de excelentes profesionales que sólo anhelan dejar a los jóvenes unos conocimientos que les permitan contribuir a crear para to dos un mañana mejor que el presente.

Muchos considerarán que no resta sino restablecer la vieja ley del cáñamo a nudo corredizo colgando del patíbulo de pino que cercena el abuso, y acabar de una vez por todas con tales desmanes. La mayoría social que conoce el problema sabe que devolver autoridad al docente, sin minimizar los derechos de padres y alumnos, se muestra compleja tarea. Las leyes proveerán-¦ pero que no tarden.

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