Diario de León
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El rincón | manuel alcántara

Al presidente del Congreso, el acoplable José Bono, le ha parecido muy bien el acuerdo de los diputados para acortar el tiempo de los debates. En la vida se puede ser mucha cosas, menos un pelmazo. Es disculpable defender los puntos de vista, aunque se sea ciego, pero lo que no tiene perdón es hacerl o durante tanto tiempo. Los diputados han llegado a la conclusión de debatir durante menos. El reglamento anterior les permitía que estuvieran muchas horas desarrollando sus vaciedades y que nos dieran a todos la tarde, aunque sus debates empezaran a altas horas de la mañana. No es que eso vaya a acabarse, pero es consolador que se acorte.

Sus señorías van a tener más tiempo libre para no pensar en nada. Los ingleses dicen que el oro es tiempo, dándole una vuelta a la conocida expresión de que el tiempo es oro, que es mentira. Para los millones de parados españoles es sólo una sumisa calderilla, destinada a que un régimen llamado socialista pueda amortiguar o aplazar las revueltas sociales.

Muchos diputados, dadas sus excepcionales dotes oratorias, necesitan disponer de un holgado turno de intervención para no decir nada. Los hemos elegido libremente para eso y están en su derecho. No puede decirse que sean los más tontos de la excursión, sino que se han reclutado entre los que menos posibilidades tenían de ganarse la vida fuera del autocar político. Ya que ellos no escuchan, es una magnífica idea limitarles el tiempo que dedican a hablarnos.

Hay que debatir menos para acabar cuanto antes. El orden del día no hace imprescindible que sean necesarios tantos días para rebatirlo. Los oradores deben tener una idea clara de cuál es su párrafo final. A nosotros nos da lo mismo, ya que no hemos oído los anteriores.

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