Diario de León
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La veleta | fernando jáuregui

Menuda se va a armar mañana en Copenhague. Toda una cumbre de jefes de Estado y/o de Gobierno peleando por co nseguir llevarse a su país los Juegos Olímpicos de 2016. Nada menos que Barcak Obama, Lula y el Rey Juan Carlos compitiendo, cada uno al frente de sus séquitos, en la primera prueba olímpica: quién se lleva la nominación. Desde luego, por falta de uso de influencias y de lobby no será.

La extrañísima manera de nominar a una ciudad, que se convierte en competencia exclusiva de un grupo de señores intocables, teóricamente invulnerables a las presiones, se impondrá una vez más: los «intocables» han conseguido reunir en la capital danesa, rindiéndoles pleitesía a todos ellos, a dos de los personajes más poderosos del mundo, a uno de los monarcas más prestigiosos y a los primeros ministros de otras dos grandes potencias económicas.

Así que, visto lo visto, supongo que debe de merecer la pena albergar unos Juegos Olímpicos, aunque todos aseguren que desde el punto de vista económico resulta ruinoso. En Madrid, y en España en general, se ha sabido generar una importante ilusión colectiva, cierto que a un alto costo, pero ya se sabe que esas minucias del endeudamiento importan poco al alcalde regidor de la Villa y Corte, Alberto Ruiz Gallardón.

Como tantos otros, deseo que Madrid sea finalmente la capital seleccionada y, como tantos, temo que no lo será -”que acuda a Copenhague el mismísimo Obama, en defensa de la candidatura de Chicago, me mosquea: ¿quién le negará algo al presidente de los EE.UU?-”.

Ojalá las predicciones agoreras se equivoquen y fallen los pronósticos que condenan a Madrid al fracaso. Pero, si así no ocurriese, si la seleccionada fuese Chicago, o Río de Janeiro, o Tokio... ¿con qué cara regresará a casa la misión española, en la que, además del Rey, figuran el presidente del Gobierno, el jefe de la oposición y una nutrida representación de autoridades?

Recientemente me pronuncié contra la presencia del rey don Juan Carlos en esta «carrera» danesa. Eso era antes de que tanto el presidente brasileño como el norteamericano confirmasen que también estarían en la ciudad de la sirenita, que probablemente nunca habrá contemplado. Ahora ya no tiene remedio: es una pelea singular que resulta casi inédita. Que gane el mejor, y no el más poderoso, es todo lo que se me ocurre desear en estos momentos.

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