Zapatero con Obama
En el filo | antonio papell
Rodríguez Zapatero se entrevistó con Obama en la Casa Blanca. La visita, que normaliza definitivamente las relaciones del Gobierno socialista con Washington, llega en un momento muy oportuno, en vísperas de un viaje del presidente español al Próximo Oriente -Siria, Israel, territorios palestinos y Líbano- y a escasas semanas de la presidencia europea de la UE, que dará lugar a una visita a España del presidente norteamericano para asistir a la tradicional cumbre. No cabe duda de que el momento es importante toda vez que la visita clausura una etapa extraña, que también los norteamericanos desean cerrar. El predecesor de Obama, George W. Bush, creó distorsiones en el sistema de relaciones internacionales con la guerra de Irak y su pretensión hegemonista, en tanto el actual presidente parece dispuesto a avanzar hacia una cierta multipolaridad, que no supone ni un retroceso del ascendiente norteamericano ni una renuncia a defender los intereses de su país.
España ha tenido que superar en su trayecto democrático una propensión antinorteamericana que no era gratuita: Washington consolidó el franquismo a partir de 1953, en el marco de la «guerra fría», durante la cual nuestro país f ue un simple portaaviones de la gran potencia. Suárez, primero, y González, definitivamente, normalizaron la relación mediante un proceso que es de sobras conocido y que tuvo que incluir el radical cambio de punto de vista del PSOE sobre la OTAN en aquel inefable referéndum de 1986 en que los socialistas apostaron por la nueva doctrina de la corresponsabilidad en la defensa de los valores occidentales. Al término de la etapa de González en el poder, España había conjugado aceptablemente su pertenencia a Europa con la solidez del «vínculo trasatlántico» y con sus tradicionales relaciones mediterráneas.
Aznar, por su parte, rompió ese equilibrio al distanciarse del núcleo de la UE -Francia y Alemania- en beneficio de su acercamiento -político e ideológico- al gobierno republicano y ultraconservador de Bush, embarcado en una dudosa cruzada contra el terrorismo internacional que dio lugar a la invasión ilegal e injustificable de Irak, con las consecuencias de todos conocidas. La victoria -inesperada para muchos- de Zapatero en 2004, después de una campaña en la que el leit motiv había sido precisamente la salida de las tropas españolas de Irak, abrió una brecha entre Madrid y Washington que ha costado cinco años cerrar.
El hecho de que Obama haya impulsado la presencia permanente de nuestro país en el G-20 demuestra una predisposición muy favorable de Washington hacia España, que participa activamente en Afganistán y se ha ofrecido a acoger presos de Guantánamo. Por su parte, Zapatero pretende ser el impulsor de una nueva agenda trasatlántica UE-EEUU, que quedaría definida durante el próximo semestre europeo. Es asimismo patente que el multilateralismo de Obama tiene conexiones con la alianza de civilizaciones que impulsa Zapatero, y que tiene consecuencias prácticas en el Próximo Oriente y en Afganistán. En definitiva, España, potencia media europea, ha ubicado de nuevo su relación bilateral con USA en sus coordenadas tradicionales. Ni más ni menos.