Camelamiento global
En blanco | javier tomé
Hace algunos meses, cierto sector del PP incluido en el llamado Grupo de Estudios Estratégicos afirmaba que eso del calentamiento global era en realidad un «camelamiento global», inventado por radicales ecologistas que pretendían sabotear el modo de vida occidental, añadiendo así de pasada que el protocolo firmado en Kioto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero parecía más bien un cuento chino. Teoría en la que abundaba el líder Aznar, nombrado por entonces Doctor Horroris Causa por no sé qué Universidad. Sus certezas provenían mayormente de la propia experiencia personal, pues cuando estuvo con Bush en su cortijo -allá en el Rancho Grande, allá donde vivía- y ambos se retrataron con las botas de piel de becerro autóctono sobre la mesa, el pestuzo que produjo la escena del sofá no provocó tormentas, ni siquiera una mínima lluvia de estrellas. Así que de cambio climático, nada.
Ese simpático concepto del camelamiento parece haber calado entre los populares, pues sólo así se explican las sorprendentes explicaciones que se dan, un día sí y otro también, a las sucesivas revelaciones de la trama Guarrel, o como se llame. A ver si nos entendemos. Por un lado, todo es una conjura judeo-masónica de gente mala, incluidos jueces y policías, pensada para destronar al antiguo registrador de la propiedad de su trono político. Funcionando a golpe de ocurrencia, y acto seguido, se ofrecen cabezas que, según la primera versión, serían completamente inocentes, dejando de lado los coches de lujo regalados y otras minucias. A Camps le apodaban «El Curita» sus compinches en manejos. Con todos mis respetos a esa eterna cosechadora de almas que es la Santa Madre Iglesia, ¡vaya un surtido de obleas que ha repartido El Curita entre la feligresía patria! Una prueba más de que Dios reina en el cielo, pero el dinero en la tierra.