¡Que vuelvan los vikingos!
Historias del reino margarita torres
Sí, que vuelvan y no tardando, visto lo visto sobre las posibilidades de repartir leches o dar leche, que no venderla en condiciones que nos dejan. Contaba una amiga, experta en mundo rural, que, este mismo año 2009, profesionales noruegos mostraron su interés en conocer el modo de vida y las explotaciones ganaderas de la vieja tierra de los astures, entiéndaseme bien: Asturias y León pasando por la Cantábrica.
En la patria de Vickie el Vikingo, el gobierno nórdico apuesta decidido por mantener no ya solo el sector lácteo, sino, también y sobre todo, el sistema de poblamiento a él vinculado desde que los varones de aquellas tierras se embarcaban cabreados en los drakares, para piratear unos meses, con esa elegancia que lleva aparejado que quien a hierro mata asume que a hierro muere, no como estos bucaneros de los mares somalíes que no quieren que les hagamos pupita.
Aquellos vikingos valientes dejaban en su patria un modelo de economía rural firmemente apuntalada sobre la ganadería vacuna, dedicada sobre todo a la producción de queso. Mil cien años más tarde, ahora, los ganaderos noruegos se sienten, como entonces, muy apoyados políticamente, pues esta forma de poblamiento campesino se considera un elemento identificativo de la sociedad noruega tradicional, por tanto un valor esencial.
Mientras a los nórdicos no se la dan con queso, aquí, en Spania, la melk de ku, vulgo leche de vaca, quema incluso sin hervir. Los datos cantan, pero no se escucha la melodía: 24.000 explotaciones, con una cuota aproximada de 243.000 kilos, frente a una media europea de 285.000. Esto supone que producimos unos seis millones de toneladas frente a los nueve que consumimos, lo que en implica que en España existe un déficit de tres millones que nos llegan de allende los Pirineos. Algunos expertos sostienen que la clave de la supervivencia se construye sobre los pilares de los costes y la eficiencia. Especializarse, profesionalizarse, compartir recursos entre explotaciones, reducir costes estructurales-¦o morir. Y aquí arranca el principio de nuestros males: la capacidad para cargar sobre los hombros más débiles todo el peso del sistema y forzarnos a matar un sector rentable. Porque así es Europa, amigo lector, que hace a los hombres y los deshace a voluntad, que parece comprar la supervivencia de la ganadería a cambio de una ayuda de 280 millones de euros. Una Europa que dice apoyar, a través de todo su escalafón administrativo, un sistema común que hermana León con Noruega, sobre la misma base económica. Que allí goza de apoyo y respeto, aunque ya no conserve el modelo antiguo original; que aquí, en esta tierra, mantiene ese modelo, pero sin empuje ni comprensión del poder público, que obliga al ganadero a cerrar todo un sistema de vida que en otras naciones todavía valoran y preservan. Debe ser que allí, en la tierra de los fiordos y la lógica, es la leche mantener viva la herencia de los mayores como modo honrado de vida, y aquí, acostumbrados a darnos de leches, deshonramos hasta la vida de nuestros mayores y mercadeamos con su herencia desde cómodos despachos con vistas a los montes.