Diario de León
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Tribuna | Venancio Iglesias Martín

Catedrático de Literatura

¡Tengo un desorden! Si mis lectores vieran mi mesa de trabajo, seguro que me sacudirían un buen pestorejazo: -”Con ese orden, desgraciado, estás desautorizado. Y sin haberlo intentado, me han salido dos pareados. Pero usted, señora, mi lectora preferida, estoy seguro de que me disculpa porque, aunque no tenga orden, sabe muy bien que tengo razones. Razón no. Hay que estar muy loco para pretender tener razón. Yo no la quiero. No quiero tener razón. Me bastan algunas razones. Por ejemplo: la razón, por sencillo cálculo de probabilidades, dice con su incurable optimismo, que, sin duda, los hay honrados y en gran número. Pero esa razón está contrarrestada por la sospecha basada en la observación diaria de la realidad, de que todos son unos chorizos. Ya sabe, señora. Estoy hablando de política.

Los sistemas socio-políticos cambian. Sus representantes se presentan como salvadores (ya le suena a usted esa palabra que han usurpado al cristianismo). Tras su triunfo (ya ve usté qué triunfo, contando papeletas) estos salvadores se descuelgan de la cruz en que falsamente se habían colgado y ocupan los puestos de sus predecesores, sus butacas, sus coches oficiales, sueldos y prebendas. Y de prisa llaman a Judas. ¿Cómo está la bolsa? Oh, qué mal está la economía. Oh, qué gastos han vaciado las arcas. Oh, qué crisis. Es preciso que todos hagamos un esfuerzo. Vamos a pedir préstamos que ya los pagaréis entre todos. Es preciso que ahorréis y contribuyáis todos a llenar la caja de las perras para que nosotros podamos alcanzar un mejor nivel de vida. Y ahí los tienes con unos sueldazos que humillan nuestra pobreza y un tren de vida que avergüenza y dan ganas de vomitar al más idiota. De vez en cuando dan un escarmiento y ruedan algunas cabezas-¦ las de los más tontos, los menos avispados, los ladrones de bulto, del Palau o de los ayuntamientos o del primo alemán que se llama Gürtel. Los jefazos entonces recurren a la frase genial de que hay que respetar la presunción de inocencia y que no hay que humillar al detenido y, por supuesto, se apresuran a castigar al delincuente con un terrible castigo: la suspensión de militancia. ¡Qué crueldad! Y Pilatos se lava las manos. Y de consuno utilizan un latiguillo genial: ¡Cuidado! El expolio tiene que ser sostenible.

En la época de Franco (con perdón) se disparataba del caballero mutilado, que recibía sueldo por minusvalías alcanzadas en el servicio de la Patria. Hoy «los servidores del Estado» se fijan sueldos y prebendas, dietas y beneficios por la cara. Me gustaban más los mutilados de guerra. Había menos hipocresía en llamar caballeros mutilados a los heridos por la Patria y jodidos cojos a los demás. Por lo menos sabía uno en que lado de la calle se encontraba o debía ponerse para no ser co nfundido.

Sostenella y no emendalla. Josemi, un amigo vasco me decía: Si tu mujer te pilla encima de otra, bájate y comienza a negarlo que si insistes terminará aceptando que fue una alucinación. Pues eso. Es evidente que el IVA grava sobre todo los bolsillos de los más débiles. Pero el picadillo, quiero decir la esencia del chorizo, lo que hace que el chorizo sea tal y no otra cosa, agarra el micro y con cara de cemento insiste por activa y por pasiva en que pagarán más impuestos los que más tienen. Y el pueblo dice: Amén. Es verdad. Hay que colaborar en la recuperación, y ser solidarios con los ricos porque, -”ya está extendida la falacia-” son los que crean riqueza y puestos de trabajo para nosotros, los que no superamos la ESO. ¡El IVA! Sí. IVA y BENÍA. ¿No te fastidia? ¿Qué les importa a los que más tienen (aquí o en Suiza), qué les importa que lo suban? Que a Messi o al Madrid le suban el IVA a un cuarenta y tres por ciento no afecta para nada a su forma de vida, pero que se lo suban dos puntos a una viuda con la pensión mínima es una crueldad propia de una democracia ciega y descerebrada. Y que encima traten de convencer a la pobre mujer de lo importante que es la solidaridad y su personal colaboración en la salida de la crisis es de un cinismo aterrador.

Ahorre usted en transporte. Use el transporte público-¦ que en el gobierno central y en las setenta autonomías (que las diez y siete más dos, parecen setenta y siete) tienen necesidad de muchos coches oficiales para transportar a los próceres salvadores que nos gobiernan. Ese gasto, que no es sostenible, lo tenemos que sostener entre todos con el IVA y los siete mil impuestos más que soportamos-¦ y qué contentos estamos. Recuerdo cuando se suprimieron (¿y subastaron?) los coches oficiales franquistas. Y ¡cómo luchaba la democracia con el franquismo que coleaba o cocheaba o chocheaba, todavía! Y suspirábamos de alegría convencidos de que la democracia acabaría con todos los privilegios. Pero los privilegios se han multiplicado por diez y nueve.

Cuando vi a Laporta en la tele, enfadado por la subida del IVA a los jugadores extranjeros me vino a la cabezota una definición de democracia con la que seguramente usted, señora, que tan simpática me cae, estará de acuerdo. La democracia ha dejado de ser el poder del pueblo para ser el poder de la plebe montada sobre la chepa del pobre pueblo y del pueblo pobre.

Se nos ha ido la alegría de la primera democracia, la de la ilusión. Nos queda la sostenible, la del chorizo y del desencanto, del sálvese quien pueda y del «y tú más». Sí. Sí. Esa es la dem ocracia sostenible. La que hay que sostener, pero no enmendar porque a ellos les va bien.

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