la opinión del lector (II)
Nuestra señora la Caja
Con menos claridad de la que desearíamos, y sin el debate público y democrático al que otras veces recurren entusiasmados los políticos, supuestos defensores de nuestros intereses, asistimos estos días los clientes de Caja España, y los leoneses en general, al anuncio de una nueva fusión de nuestra vieja y entrañable entidad financiera. Con preocupación, sí, porque la memoria histórica que el talante político ha puesto de moda, nos hace temer un final que, como el de anteriores y parecidas ocasiones, resulte perjudicial para los intereses leoneses. Recordemos que la un día bien establecida y mejor llamada Caja León fue el deseo irresistible de la denominada clase política, cuya primera y más relevante tarea al frente de sus órganos de gobierno fue el impulsar su fusión con otras cajas cuyo futuro peligraba. Pese a ser la nuestra la más poderosa de todas perdió entonces, de manera incomprensible y nunca explicada, su nombre y su logotipo, para contentar nadie sabe a quién y borrar el nombre de León de entre las entidades financieras de mayor prestigio. Más tarde, la misma clase política, recurrió a los empresarios de la construcción para ocupar la presidencia. Y de entonces acá, según nos dicen expertos economistas, y sin que nadie nos haya explicado los motivos, nuestra Caja ha pasado de ocupar los primeros puestos entre las mejores a las que apuradamente tratan de salvarse del descenso. Nuestros representantes políticos en la entidad nunca han querido contarnos, en obligada y justa correspondencia democrática, los motivos de tales cambios, y si hay responsables o ha habido dimisiones. No extrañará, por tanto, que ante tan misterioso silencio se hayan disparado entre sus clientes y leoneses en general toda clase de suposiciones, y entre ellas la de si hubo o no aventuras aeronáuticas y urbanísticas a las que se arrojaron sin paracaídas. En la nueva fusión que ahora se nos anuncia intervienen junto a los anteriores tanto la Junta de Castilla y León, cuya capital a dedo es Valladolid, como el Banco de España. Y todos temblamos. Vuelven a hablarnos de reparto equitativo de sedes como hicieron cuando la autonomía. Nuestros políticos comprometen su honor en defensa de León, lo mismo que entonces. Nadie parece recordar que el mismísimo Zapatero lo primero que hizo tras ganar las elecciones no fue suprimir el peaje de las autopistas que tan repetida y formalmente nos prometió, sino llevarse para Valladolid el Banco de España, primer paso y sintomático para reunir la capital política con la financiera, al menos en esta autonomía y siempre según sus sonrientes ideas. No recordamos haberle visto mover un dedo en favor del reparto de sedes autonómicas entre León y Valladolid. Lo más curioso de este proyecto de nueva fusión son las intervenciones de la presidenta de la Diputación y del alcalde de León, vicepresidentes ambos de Caja España, retomando aquella misma línea de felices promesas de entonces, como si ya acariciaran, y ustedes disimulen, la presidencia de la futura Caja.