Diario de León
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Tribuna | Pedro Menéndez Martínez

Algunos de ustedes recordarán un artículo que escribí en esta misma sección el día 26 de Noviembre de 2008 que llevaba por título «¿Llegó la hora de la Tasa Tobín»?». En el citado artículo hacía referencia a los fundamentos en los que se basaba este economista, Premio Nobel de Economía en 1981, para proponer su famosa Tasa así como las variaciones posteriores que han modificado la naturaleza y finalidad en el establecimiento de la misma. El artículo finalizaba con la siguiente frase: «No cabe duda que la «Tasa Tobin» va a concentrar una buena parte de las discusiones en los próximos meses como iniciativa de gran calado para la futura regulación de los mercados financieros internacionales».

Pues bien, ya hace unos meses que se han comenzado a vislumbrar indicios del interés de los poderes públicos en adoptar ciertas medidas que facilitarían su posible entrada en funcionamiento, como han sido las declaraciones coincidentes de varios políticos en el sentido de acabar con la distorsión en los mercados financieros que supone la existencia de los paraísos fiscales o el interés mostrado por limitar las ganancias de las entidades financieras y sus directivos.

Pero ha sido, sin embargo, en los últimos días cuando se están desencadenando las propuestas de forma acelerada, al menos de este lado del Atlántico, acerca de la conveniencia de la aplicación de esta medida. El primer político en plantear abiertamente su adopción ha sido el ministro alemán de finanzas en un artículo publicado en el Financial Times y recogido por medios españoles el pasado día 24 de Septiembre. En el citado artículo se apoya la idea del establecimiento de un impuesto sobre las transacciones financieras globales (FTT en sus siglas en inglés) de un 0,05 % sobre todo tipo de operaciones de productos financieros. Calcula además, y es una estimación en la que coinciden diversos autores, que la recaudación alcanzaría unos 690.000 millones de dólares que es, aproximadamente, un 1,4 % del PIB mundial y una cifra también aproximada al PIB español. Supone por lo tanto una cantidad de dinero muy respetable. Propone el ministro alemán que la recaudación sirva para afrontar la responsabilidad que el sector financiero tiene como protagonista en la crisis actual. Anticipa, también, el ministro alemán que estas propuestas han recabado un amplio apoyo en Europa materializado en el respaldo mostrado por Francia e Inglaterra.

Los medios de comunicación españoles han recogido de forma unánime el pasado domingo 8 de noviembre la propuesta realizada por el primer ministro británico Gordon Brown en Escocia en la cumbre preparatoria del G-20 de implantar dentro de estos países, que suponen aproximadamente el 97 % de las transacciones mundiales de valores cotizados, la «Tasa Tobin» expuesta textualmente con esta denominación. El primer ministro británico le da un giro al planteamiento alemán en el sentido de establecer un «nuevo contrato social» con los bancos de tal forma que, en palabras del premier británico «resulta inaceptable que los beneficios de la banca los cobren unos pocos y que las crisis las paguemos todos» . La recaudación de esta tasa, por lo tanto, tendría una finalidad similar al establecimiento en nuestro país de las provisiones anticíclicas impuestas en el sistema financiero español por iniciativa del Banco de España en la década de los 90 y que han permitido que las entidades financieras de nuestro país hayan tenido que recurrir en mucha menor medida al auxilio público para capear el temporal de la crisis. Es preciso recordar que tales provisiones fueron objeto de gran oposición dentro del sistema financiero español y su conveniencia y oportunidad, en este momento, está fuera de toda discusión además de constituir una iniciativa que ha recibido el elogio generalizado de la comunidad financiera internacional.

El entusiasmo en los Estados Unidos expresado por boca de su Secretario del Tesoro desde luego no ha sido el mostrado por los mandatarios europeos. La implantación de la medida, como ya se adelantaba en el artículo de hace un año no está exenta de polémica; sin embargo se ha producido en el entorno de otras iniciativas de gran importancia, algunas ya en vigor (adopción de los acuerdos de Basilea II que consiste en la puesta en práctica de un sistema de «rating» que examinará la calidad crediticia de cada cliente bancario) y otras en estudio pero de implantación más que posible como es la limitación de retribuciones dentro del sistema financiero y la adopción, en general, de mayores medidas de control dentro de la actividad financiera.

Además de esta finalidad de «provisión para insolvencias» que, como hemos visto, subyace en el interés europeo en la implantación de la «Tasa Tobin» no debemos perder de vista la posibilidad que otorga la implantación de esta Tasa para corregir otros tipos de desequilibrios dada su potente capacidad de recaudación.

En fin, la necesaria e i nevitable discusión acerca de este controvertido instrumento ya ha comenzado, veremos cómo acaba.

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