Diario de León
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En blanco | javier tomé

La vida es una farsa que sostenemos entre todos, así que no resulta extraño que el cotilleo, o chismeo que dicen allá por Sudamérica, sea el deporte favorito de la sociedad española por encima incluso del fútbol, única religión globalizada que queda a día de hoy, diga Rouco lo que diga. Hasta ahora creíamos que tal motivo de regocijo malévolo era cosa conjunta, tanto de hombre como de mujeres, una suerte de medicina para el alma que nada tiene que ver con la identidad genética concedida por el Señor a cada cual. Pero que resulta que no, pues según cierto estudio desarrollado en la Universidad de Michigan, esa necesidad de meter la cuchara en las odiseas ajenas tiene que ver con la progesterona. ¿Y qué se oculta detrás de semejante nombrecito? Pues nada menos que una hormona sexual vinculada al comportamiento y el estado de ánimo de las mujeres. Según esta teoría, la parienta ve aliviado el estrés de la hipoteca, por poner un caso, siguiendo en televisión los avatares sentimentales de la famosa modelo Miss Atorranta y el fornido mulato Sebastián el ganapán, importado de Cuba para tan memorable ocasión.

No digo que no, pero lo cierto es que suena a americanada pura y dura. Puestos a chismear, y ciñéndonos al sacrosanto país de Obama, allí pasan cosas muy raras. Tenemos el caso de un infortunado muchacho de Tennessee, llamado Calvino Inman, afectado por una enfermedad que pone los pelos como escarpias. El jovenzuelo, de apenas 15 años, tiene el gran privilegio de llorar gotas de sangre, que además arden al hacer contacto con la piel. ¡Coñe! El pobre Calvino ha sido equiparado, por afinidad de sintomatología, con la repelente niña del exorcista, aunque otros prefieren opinar, o chismear, que tan diabólica degeneración macular proviene más bien de encontrarse en una fase de cretinismo agua. ¡Vaya un mundo! Como para pedir directamente la cicuta.

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