Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En blanco | javier tomé

En pocas pero felices ocasiones, la vida adopta cierta vertiente carnavalesca que parece el argumento de una película muda. Las cosas no es que le vayan de perlas al bueno de Obama, que parece afectado por una epidemia de conformismo ante la creciente deuda pública de su pa ís y las dos distantes guerras que pintan francamente mal, aunque se mantenga la hipótesis de seguir de derrota en derrota hasta la victoria final. En esas estábamos cuando un par de sinvergonzones que, según las malas lenguas, tienen un master en cara dura se le cuelan en la Casa Blanca, con la poco creíble excusa de venir a bailar el rigodón. Todo el mundo ha disfrutado con una impagable fotografía en la que reluce Obama, todo dientes y buen rollito, recibiendo con la categoría de dignatarios a este matrimonio de farsantes que sufren, según versiones, un cuadro de humor paranoide, mientras otras aseguran que simplemente les faltan un par de hervores. La situación, en cualquier caso, ya forma parte de la antología del Club de la Comedia.

Así que bajo la máscara de señores perfectamente respetables, Tareq Salahi y su esposa Michaele dejaron una espectacular tarjeta de visita en el recinto que se consideraba el más seguro del mundo, sumándose al reparto coral presente en el homenaje a cierto ministro indio, estupefacto es de suponer ante semejante maniobra de distracción a lo Fred Astaire. Es terrible, pero a veces suceden estas cosas. Ahora se especula acerca de semejantes profesionales de la artimaña, dotados sin duda del poder mágico de embelesar. La clase médica se debate entre calificar el caso como un ejemplo palmario de insanía o, más bien, las desdichas causadas por un par de cabecitas locas empachadas de popularidad. En cuanto al servicio secreto, empezó a sospechar cuando los Salahi se despidieron de Obama con un cordial «¡Chao, pescao!». Con eso queda todo dicho .

tracking