Culturetas e intelectualillos
Nubes y claros | maría j. muñiz
Mira a ver si no hay causas sobre las que reflexionar, aportar ideas, defender ideales, ponerse en jarras o dar un puñetazo sobre la mesa. Tantas cosas, en esta época de crisis varias (económicas, vale, pero sobre todo morales y éticas), sobre las que llamar la atención, apostar por un cambio o impulsar la transformación de la sociedad. Hay desgraciados, desfavorecidos, superfavorecidos, héroes y villanos, listos y listillos, timadores y timados. Como siempre. Quizá precisamente por eso.
Tantos asuntos sobre los que volcar solidaridad, apoyo moral, ideologías, sueños, esperanzas. Tanta necesidad, en el fondo, de intelectuales que aporten un gramo de cordura a esta situación de frenética huida hacia ninguna parte.
Y la respuesta es siempre el silencio. ¿Dónde están las mentes pensantes? ¿Dónde los verdaderos líderes? ¿Dónde los profetas, los gurús, los pastores de conciencias que vayan más allá del mercadeo del aquí te pillo aquí te mato?
A cambio, de vez en cuando se hace notar con gran estruendo de medios, fotos, mucha luz y muchos taquígrafos, el vociferio de intelectualillos que aprovechan cualquier cuestión que no les comprometa con la realidad que les rodea para dejar constancia de su categoría de «intelectuales» y «conciencia de esta sociedad».
El último caso, el de Aminatu Haidar. Sin entrar en este controvertido asunto, que no viene al caso, no deja de irritar la respuesta unánime, firme, bien plantada, de un grupo de autodenominados intelectuales que firman un documento, exigen soluciones y plantean exigencias. No por su respaldo a la causa de Haidar, en la que como digo no voy a entrar. Sino porque no tienen lo que hay que tener (en esencia, ideas y fondo intelectual suficiente) como para abordar otro tipo de problemas, los que atenazan a esta sociedad confundida en su día a día.
Hay que tener mucho ego para autoproclamarse intelectuales al hacerse esta foto. Clásicos culturetas más bien, diría yo.