Diario de León
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Tribuna | María Dolores Rojo López

Siempre que se trata de aquello que sobra, lo que ya no se quiere o lo que no hace falta procuramos desprendernos de ello sin prestar atención al destino que sigue hasta su final. Uno se despreocupa de lo que sucede con los residu os a partir del momento en que decide sacarlos de su vida. Parece que todo lo que se deshecha desaparece como por arte de magia. Nadie nos interesamos en reflexionar sobre la dificultosa manera de reintegrarlos a la naturaleza de forma aprovechable para que ésta no sea agredida, ni tampoco somos conscientes de la cantidad de kilos y toneladas que generamos en la actualidad, día a día.

A nadie nos sorprenden las insignes cantidades de envoltorios y embalajes que cualquier producto lleva recubriéndolo. Cartón, papel, hilillos de metal, plásticos y otros materiales invaden la casa después de cada compra en el super. Y ni que decir tiene todo lo que llevan anejos los juguetes que pronto visitarán la mayoría de los hogares, de una forma u otra. Entonces sí que nos asalta la angustia por deshacernos con rapidez de semejantes y molestos restos que bajamos al contenedor casi de inmediato. A partir de ese momento, liberados de ellos, subimos a nuestra casa con la inocente presunción de que ya no nos invaden ni a nosotros, ni a nadie porque al no verlos más parece que se esfumasen sin dejar rastro.

Sin embargo y por desgracia, la mayoría de nosotros solamente tomamos consciencia del problema que representan las basuras cuando por determinadas causas su recogida se paraliza. Entonces, y sólo entonces, vuelve el pánico a mantener lo sobrante entre lo usable, lo sucio entre lo limpio y lo descartable entre lo posible. Y nos damos cuenta de que la basura es un problema de todos y como tal, necesitado de la colaboración conjunta de toda la comunidad. Pretender o aspirar a que sólo las autoridades lo resuelvan constituye una utopía además de una irresponsabilidad social. La clasificación de los residuos hecha desde el hogar facilita su reciclaje y tratamiento, lo que no es poco tratándose de un problema tan serio y preocupante. Hagamos examen de conciencia para ver si efectivamente colaboramos en la selección diferenciada de lo que tiramos y actuemos en consecuencia si es que aún no hemos querido prestar atención a los muchos folletos informativos, pegatinas y anuncios que informan permanentemente sobre cómo efectuarla.

Posiblemente, como cada conducta y forma de actuar en la vida, sea un tema de educación medioambiental, también. La escuela, los niveles siguientes e incluso los superiores deberían incluir en sus programas contenidos específicos a este respecto. Temas tan importantes para todos como el agotamiento del agua, la contaminación de la atmósfera y el agua, el tratamiento de residuos, los comportamientos inadecuados en compras de productos y sus envases, etcétera, incluyen actitudes frente a la problemática residual que convenientemente tratadas revertirían en una mejora inmediata de la conciencia ecológica ciudadana local. Comenzar por las edades más tempranas cuidando el microuniverso que nos da cobijo día a día para asegurarnos, no sólo un medio natural saludable, sino también para cumplir con una de las misiones más urgentes y comprometidas que tenemos todos aquí: cuidar, como usuarios de la tierra que somos en estos momentos, de su conservación para las generaciones que nos siguen.

Posiblemente pudiesen llevarse a cabo, por otras instituciones municipales, talleres dirigidos a los ciudadanos en los que no sólo podría tratarse el tema desde el punto de vista informativo, sino sobre todo manejar de cerca cada una de las problemáticas que afectan a la colaboración ciudadana en la que todos podemos hacer algo más que bajar la bolsa de basura al contendor. El contacto directo con la realidad que nos ocupa sería otro factor de reflexión personal y colectiva acerca de la problemática medioambiental a partir de la eliminación de restos desechables. Visitar las plantas de tratamiento de residuos o conocer el coste real y las dificultades que tiene su eliminación pondría en disposición a los usuarios de estos servicios, de cambiar la forma de actuar dentro de su entorno más inmediato y sobre todo, de valorar convenientemente cada acción particular en la compra de productos o en la selección de sus desechos. Por tanto, los talleres, cursos o seminarios de sensibilización ciudadana con respecto a la basura podrían dotarse de los siguientes contenidos y actividades:

Conocer, manejar y diferenciar materias de diferente origen orgánico de forma que se clasifiquen con facilidad, promoviendo la catalogación desde el propio hogar. Así como hacerlo también en los centros de trabajo en los que se manejan materiales tóxicos de uso común. Por lo tanto, deberán depositarse en los contenedores municipales de recogida de basuras dispuestos en el exterior de los centros o en el interior en el caso de papel y cartón, cartuchos de tinta y tóner de impresora, pilas, etcétera. Evitando en lo posible, la generación de residuos, participando en su minimización y buscando su tratamiento o reutilización.

Realizar una política de compras basada en: «Comprar tanto como sea necesario, pero tan poco como sea posible». Comprar en envases más pequeños productos menos peligrosos que sean a su vez reutilizables y/o reciclables.

Promover la concienciación de los participantes con el objetivo de responder a la pregunta de ¿Por qué reciclar ?. Promover el ahorro de energía mediante la utilización de energías renovables, reducir la contaminación del aire, agua y suelo o disminuir la generación de CO 2 y otros compuestos sulfurosos (menos lluvia ácida y reducción del efecto invernadero), podrían ser contenidos de estos talleres ciudadanos medioambientales.

Cumplir la normativa representada por la Ley de Aguas y por la ordenanzas municipales de los ayuntamientos acerca de los vertidos por el colector. Conocer la prohibición de derramar a la red de colectores públicos: materias que impidan el correcto funcionamiento o el mantenimiento de los colectores, sólidos, líquidos o gases combustibles, inflamables o explosivos y tampoco irritantes, corrosivos o tóxicos, o residuos reactivos de forma que no se infringen las normativas legales vigentes. Utilizar materiales en el taller que contengan residuos peligrosos de prueba para aprender a separar correctamente éstos. Identificar los contenedores con una etiqueta que debe incorporar nombre del residuo, peligrosidad que pueda tener -”inflamable, tóxico, corrosivo-¦-”nombre, dirección y teléfono del titular de los residuos, fecha de envasado etcétera. Y todo aquello que pueda interesar no sólo a los que de forma específica trabajan con ellos, sino a todos los que estamos implicados en la salud ambiental como parte de nuestra propia salud y bienestar diario.

Todos hemos incorporado a nuestros hábitos de limpieza las saludables costumbres de la higiene personal o del hogar de forma escrupulosa, pero no somos tan conscientes de que tirar lo que sobra puede convertirse en destruir lo que nos cobija si no se hace adecuadamente.

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