Publicado por
pedro trapiello
León

Creado:

Actualizado:

Volvió a la León a estrenar su sueño eterno en una capilla de la catedral el obispo Villaplana, alcoyano, prelado aquí quince años, emérito, gente buena y llana en lo poco que le traté y en la estampa que recuerdo de él entrando solo, sin pompa ni aires, a tomar un cafe en un bar de la calle Ancha como otro peatón más.

También volvió a León tras jubilarse y retirarse a su Orihuela natal el obispo Almarcha (paisano, pues, de Miguel Hernández, aunque no hizo nada para que no se pudriera en la cárcel donde le mordió la muerte escribiendo nanas de cebolla a un hijo hambriento). Pero volvió a la querencia de estos hielos y la última vez que le vi (ay, chacha, consomidín-consomidín estaba) fue en sus aposentos de Regla arrebujado en manteo en su mesa de anca de rana y sobre un alfombrón de pellejos de oveja peluda para que no se le helaran los pies (la entrevista acabó mal). A este obispo le acusa aún la leyenda urbana de haber sido el tapón que impidió a la Fasa venir a León, pero aquí dejó años y obra que sentía suya: Regla, Renueva, museos, nuevas iglesias... Sin embargo, que monseñor Villaplana quisiera ser enterrado aquí, tan lejos de la tumba de sus padres, me dejó algo sorprendido. Cierto que en León alojó los últimos años de su plenitud ministerial, pero también hubo de cruzar sendas enzarzadas y tuvo sus problemas de aclimatación a los rigores de las curias cazurras con sus cabildeos. Le empañaba el gesto una cierta tristura de hombre pensativo. Rehuía el figureo en la selva de nuestros ceremonios civiles y lamento no haberle tratado más que en una ocasión, poco antes de jubilarse. Era un acto en la Diputación y me presenté a él de una forma gamberra que pudo costarme una suspensión a divinis: iba yo de negro y, poniéndome en el cuello de la camisa una tarjeta blanca como alzacuellos, parecía un cura; le piqué en el hombro y, sin conocerme, preguntó qué quería; y le dije «coño, trabajo». Le cayó simpática la broma y en el vino español que se sirvió trabamos un rato de charla distendida en la que hubo una frase para no olvidar: al preguntarle qué opinión tenía de los leoneses ahora que se iba de León, me puso cara bondadosa y cínica: ¿los leoneses?.... los leoneses mordéis con la boca cerrada.

Cargando contenidos...