Cosas de aquí y de allí | Regresan los disfraces
Don Carnal vuelve para quedarse unos días
El Carnaval llega esta semana a toda España llenando de color, máscaras y jolgorio pueblos y ciudades

Un momento del concurso de comparsas del Carnaval 2010 en Tenerife.
Serán días de jolgorio en la calle, de no dejar títere con cabeza, de máscaras y disfraces, carrozas y comparsas. Días en los que Don Carnal viajará por toda la geografía española para relajar costumbres e intentar que la gente olvide los rigores de la crisis.
Esta semana, el Carnaval llega un año más a ciudades y pueblos para quedarse hasta que el entierro de la sardina anuncie, entre lloros y lamentos, que una señora muy exigente, Doña Cuaresma, le toma el relevo.
Los hay, como los de Canarias, que por espectaculares nada tienen que envidiar a los carnavales de Río de Janeiro. Los hay mordaces, incordiantes, ingeniosos, sandungueros..., como los de Cádiz. Y los hay ancestrales, tradicionales y populares, como los que se celebran en lugares de la España rural, donde pudieron eludir la prohibición impuesta por el franquismo.
Unos y otros. Cinco semanas dura el Entroido de Xinzo da Limia, en Orense, «el más largo de todos los carnavales que se celebran en España», según su concejal de Cultura, Daniel Blanco, y uno de los más antiguos.
En tierras cántabras, el Carnaval más colorido y multitudinario es el de Santoña, donde la fiesta concluye con el juicio a un besugo enamorado de una sirena hija de Neptuno, que será quemado en las aguas de su bahía.
En Cataluña, las tradiciones ancestrales tienen numerosos exponentes. Mientras en Solsona (Lérida) una «familia de gigantes locos» reparte bofetadas a diestro y siniestro, en Torrelló (Barcelona) otros gigantes exhiben sus enormes atributos sexuales en un pasacalles llamado festa pullassu (fiesta pollazo).
Los carnavales andaluces gozan también de gran predicamento.
Castilla y León honra a Don Carnal con festejos taurinos, bailes de disfraces, charangas y peculiares representaciones, como la de «La Barrosa», en Soria; los «cucurrumachos», en Ávila; o los «jurrus» y «guirrios» en León.