Reportaje | C. M. Prieto
Cupido hace el agosto
El 14 de febrero es una fecha clave para todos los comercios

Varias motivos florales en forma de corazón.
Sus detractores dicen que el Día de los Enamorados es la excusa perfecta para que algunos negocios hagan el agosto en febrero, pero lo cierto es que San Valentín vuelve un año más para que celebremos lo que el Nobel Severo Ochoa definió como una mezcla de física y química: el amor.
Un amor quizá un tanto ñoño o almibarado, de corazones rojos heridos por las flechas de Cupido, pero amor en definitiva. Algo que es «fuego escondido, agradable llaga, sabroso veneno, dulce amargura, deleitable dolencia, alegre tormento, fiera herida o blanda muerte», como ya en el siglo XV lo describió el autor de La Celestina , Fernando de Rojas.
Un sentimiento que, si es verdadero, «lo puede todo», opinión que, con mayor o menor intensidad, comparten el 75% de los españoles, según un estudio del CIS. El mismo en el que un porcentaje menor, aunque nada despreciable, el 63,1%, aseguraba que la pasión amorosa «dura toda la vida», pero sólo si es sincera. No opina lo mismo la psicóloga Pilar Varela. Para ella, el amor «puro» existe, sí, «pero suele ser breve, fugaz. El amor eterno dura tres meses», afirma quien distingue entre amor y enamoramiento, y quien piensa que la convivencia es «una mala hierba para el amor, sin que ello signifique -aclara- que tengamos que evitarla».
«Es la cosa más deseable del mundo, la más maravillosa, lo que todo el mundo desea. Es el salvoconducto para la felicidad, para las ganas de vivir, pero también el dardo más doloroso», asegura la autora de Amor puro y duro . Algo tan «vulnerable» como el amor, continúa, «no es necesario para vivir, pero sí es necesario para que merezca la pena vivir», palabras que escuchó la psicología al catedrático Mariano Yela.