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Reportaje | susana vergara pedreira

Aprender a ser aventurero en el colegio

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No h ay presentación, acontecimiento, reunión en la que Jesús Calleja no hable de su tierra y de su familia. Un embajador inagotable de lo leonés. Ayer lo hizo también de sus recuerdos.

Supo que de mayor querría ser aventurero en el colegio. Lo aprendió, dice, de un profesor. Entre clases de matemáticas, física, latín... En el mismo patio en el que otros niños soñaban, como ahora, con ser futbolistas, los Cristiano Ronaldo, Messi, cualquiera de los Xavis (con b y con v), Villa o Casillas de la época.

Tardó años en conseguirlo, más bien en tomar la decisión, difícil, de hacerlo. De dejarlo todo para embarcarse en la aventura, la mayor de su vida. Lo hizo a solas, en un lugar mítico para él y para el resto de la Humanidad: el Everest.

«No me gustaba mi vida, no quería seguir haciendo lo que hacía», dice con la misma naturalidad con la que narra en sus crónicas los avatares de sus viajes. Como que no pasara nada.

Y así, como quien no quiere la cosa, es como debió de contar a sus padres y a su hermano que se iba a dedicar al desafío extremo . Porque allí, en la cumbre más alta del planeta, pensó hasta el título que iba a llevar su nueva vida. Lo cuenta en público mientras sonríe a la matriarca de los Calleja.

«Pase, madre, no se quede ahí atrás». Ahí atrás son las últimas filas de sillas del Club de Prensa del Diario de León, donde se hace la presentación del I Festival Internacional de Montaña y Aventura Picos de Europa. Y María se acerca un poco más, saca una cámara de fotos y retrata a su hijo. También como si nada.

Calleja hace un guiño a su padre, en la sala. «Esa idea del profesor la agrandó mi padre, con sus relatos de viajes, con sus palabras sobre el Everest. Y si mi padre dice que se sube al Everest, pues se sube. Buenos somos los leoneses...».

Ese recuerdo de infancia, de patio de colegio y colegas, ha llevado a Jesús Calleja a organizar el festival de cine pensando en los niños. «A ver si los retiramos de las consolas y los llevamos más al campo», dice.

En la semana del festival, cada mañana, una legión de escolares asistirá en el Auditorio a la proyección de los documentales y podrá hablar con deportistas míticos, «los mejores del mundo en ésto», dice Calleja. Él también estará allí, con ellos. Es su objetivo. Que los niños aprendan que, de mayor, también se puede ser aventurero.

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