Cosas de aquí | En los confines del mundo
La hierba recupera las carreteras de León
El deterioro se expande por las vías de comunicación del sur y el este, abandonadas ante la falta de inversión
La carretera que une la N-601 y la C-621, por Valdemorilla, al sur de la provincia, una de las que n
León tiene carreteras que conducían a pueblos y ahora bordean el fin del mundo; carreteras en las que no se atrevería a aparecer sola la chica de la curva; carreteras infames con el mismo mal que las de Eritrea y que a la vez contagian el efecto al territorio que atraviesan. Así se expande el deterioro, hasta el punto insospechado de dejar crecer la hierba entre el asfalto. Mal augurio. No hay un euro para arreglos mientras que el pasto frondoso disimula como puede los defectos. Carreteras con ribete verde y hendidura. Se localizan al doblar el mapa por el sur y el este de la provincia, donde no han llegado ni migajas del presupuesto de remiendos institucionales. La suerte coincide con lugares en donde no hay inversión casi desde los tiempos de Almanzor, lugares donde la última intervención pública -”casi la única-” fue la carretera, ahora lengua de asfalto que se mimetiza con la tierra y ofrece en la faz el paso del tiempo, con arrugas y grietas, con cráteres y abismos de vértice afilado que cortan como cuchillos. El nuevo escenario permite modificar las señales verticales con bichos rampantes y dolientes, a modo de fotograma del papá de bamby que huye del fuego del rifle y el cazador; el pasto que devuelve el alquitrán al origen de los tiempos, aconseja pintar al ciervo en gesto pasante, con la testuz ligeramente inclinada, en disposición de alertar al heroico conductor del peligro de fauna en la hora de comer. Mucho más realista, según se aprecia en los cientos de kilómetros de plataforma que esperan que quien reparte el dinero tenga un leve recuerdo de que la civilización supera el radio de 10 kilómetros de la ciudad de referencia, o que salir a empujones del Objetivo 1 del fondo de Cohesión de la Unión Europea por la puerta de los ricos no implica que los pudientes hereden este reino. León se levanta cada día abandonado en sus confines, en carreteras que clasifican a los habitantes por el tipo de suelo que pisan: si de empedrado o de hierba, como aquel que sufrían los romanos.