Cornada de lobo | pedro trapiello
Grajos y grajillas
Fisgando desde lo alto, cualquiera se doctora en secretos. Los pájaros se ríen de las tapias y murallas que pretenden preservar de miradas o asaltos lo que allí se guarda o se afinca. Cuando pasan al atardecer los grajos sobre tu chalet adosado te parecerá que graznan, pero se están riendo... seguramente les hace mucha gracia esa fuente que has puesto en tu jardinete con enanitos de piedra y coronada con un león rampante de pilila tiesa que has copiado de los escudos que hay en el sanatorio de Regla, detrás de la Catedral (todos los leones de esos escudos tienen sus genitales en una actitud de presenten armas que sonroja al mujerío pudibundo), pero no era necesario que hicieras salir del ciruelillo del león el chorrito cantarín de esa fuente tuya tan horterísima y pastelera, porque sugiere prepotencia provinciana y poco ingenio al querer remedar en cazurrillo un Manneken Pis de leonera. Los grajos creen que tienes una forma muy particular de entender la exaltación patriótica y eso del Reino perdido ( ¡llora como hombre lo que no supiste defender como cazurra! ). Algo paleta sí que es la fuentecilla de marras... y eso que no la han visto iluminada por la noche.
Los pájaros que se fijan en las cosas que hacemos lo saben casi todo de nosotros; así, decimos ¡vaya pájaro está hecho! (o ¡vaya pájara está hecha!) cuando un tipo (o una tipa) demuestran saber latín (o ser latiniparla), restar en arameo (o sumar en jerga) y ser unos artistas en trampillas y atajos. Si además tuvieran la facultad del Diablo Cojuelo para levantar los tejados de las casas como quien levanta boinas o faldas para vernos el cartón de la sesera o las bragas, serían doctores en psicología aplicada y podrían darnos alguna receta para lo que nosotros llamamos crisis echando la culpa al sursum corda . Los grajos (y grajillas, tan de catedral y vertedero) afinan llamando a eso lisa y llanamente estofado quemado y cagada en casa... y soltando a continuación su advertencia pajarraca: «confesadlo y decíos sinceramente la cagamos, tía María o tardaréis diez años en saber qué pasa y dónde hay salida; y pintando otra cara; tanto diagnóstico y parapeto os vuelve tarumbas, incapaces y cabreados... hasta en la cama... deprimís... croagc, croagc».