Cornada de lobo | pedro trapiello
Vuelta al ancestro
Me decía Luis del Olmo que sueña con volver a su tierra para reverdecer y vivir su último tranco de años en Villafranca del Bierzo, aunque a Merche no le gusta mucho la idea, pues le quedaría lejos la nietada y los hijos partiéndole el corazón tanta distancia; Luis insiste.
Lo cierto es que no hay mejor lugar para acostar los últimos pasos y sueños que la cuna que nos arrolló. Volver al paisaje que nos parió lo pide la sangre. Necesitamos que el viejo calor de la cocina materna nos temple el alma y la cena para sentirnos en la gloria antes de entrar en ella. Pero no siempre puede hacerse: el tiempo borró lugares y sepultó pasados... o fue el destino quien nos dijo «no hay vuelta atrás». Pero ¿quién no sueña con volver-volver cuando nieva en las sienes?...
Isidoro Álvarez Sacristán, Isidorus, acaba de hacerlo y, aunque teníamos los portones del corazón de par en par, no le habíamos preparado la banda que aquí ya suena con trompetas de bienvenida, clarinetes de alborada alborozada, dulzainas de procesión y mesón, bombardinos de marcha real y hasta un corno inglés, pues la talla caballera de nuestro personaje exige esta fineza. Bienvenido, Isidoro; la peña, el puerto y la costa de tus amigos lo celebran. Se acabó el volver a San Sebastián para regresar sólo en fechas o a temporadas. Ahora será al revés, volverás a Guipuchi de cuando en vez, pues para tí, a pesar de haber sido juez tantos años en aquel andurrial del disparate o del disparo a guardias y magistrados, San Sebastián es y será San Sestábién (le dije una vez a Odón Elorza que no había mejor eslogan turístico para su ciudad que San Sestabién) , porque Donostia sonará siempre a Don Hostias, coño, muy feo, acojona... ¡pero qué ciudad, paisa!, me chifla y, al igual que Isidoro, no es nada difícil hacer allí amigos de mucha entraña, amar lo vasco auténtico y hasta cantar zorzikos después de un churrasco o unas kokotxas con las que se juran lealtad fraterna y eterna todos los de la mesa.
Bienvenido, Isidorus. Que además de juez, seas poeta bueno, añade a esta reconquista el gozarte en tus sentencias con eco de razón rimada... y en tus versos sentenciosos, como en tu poema «Ancestros»: Al alzar los pies apostaría que emigrar es del color del duelo .