El Gobierno defiende la libertad individual
Parece difícil que el Gobierno entre a regular el uso del hiyab , o de cualquier otro símbolo religioso, en la futura ley de libertad religiosa. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, se mostró ayer partidaria de respetar los «usos y costumbres» religiosos o culturales siempre y cuando, advirtió, «no conculquen derechos fundamentales, derechos humanos o sean contrarios a la seguridad».
Aún así, la vicepresidenta primera, de quien depende en última instancia la futura ley, dejó claros sus planteamientos a priori.
A su juicio, se trata de una cuestión que afecta a derechos protegidos constitucionalmente como el derecho a la libertad religiosa, a la identidad cultural y a la propia imagen además del derecho a la educación. Derechos, todos ellos, recordó, que deben ser garantizados.
La duda está en si el pañuelo islámico es o no también un símbolo del sometimiento de la mujer. Existe una amplia discusión al respecto, incluso entre quienes profesan la fe de Mahoma. Por eso el Ejecutivo prefiere no adoptar una posición tajante ni actuar al calor de un caso «particular» que, según Fernández de la Vega, debería resolverse «entre todos» y «con sentido común». Sobre todo porque, a su juicio, el uso de símbolos religiosos «no constituye ningún problema social en nuestro país».
En otros países europeos, donde la inmigración de origen musulmán es mucho mayor que en España, se ha intentado establecer límites legales al uso del pañuelo. Pero el Gobierno entiende que no son buenos espejos donde mirarse.