Diario de León
Los Reyes, en el Panteón Real isidoriano, siguiendo atentamente las explicaciones del obispo.

Los Reyes, en el Panteón Real isidoriano, siguiendo atentamente las explicaciones del obispo.

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León

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Todo pasa, viene repitiéndose el Hombre desde que el mundo es mundo. Y esto es así para el rey y para el porquerizo, para el emperador y para el herrero. Todo pasa , es cierto, pero quedan los ecos de las acciones, como un tatuaje colectivo en la piel de la Historia. La presencia de los Reyes en León también ha pasado, pero no será olvidada.

En la Antigüedad, una de las cualidades mágicas que se asociaba a los reyes era el don de sanar mediante la imposición de manos. Hoy ni siquiera Anson le otorgaría a la monarquía tal capacidad, pero es indudable que la presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía actuó como un gran catalizador de energías positivas, de las que tan necesitados estamos. Más de 500 leoneses acudieron a aplaudirles, en las inmediaciones de San Isidoro. Fue emocionante escuchar al Rey concluir su discurso en el Auditorio con una llamada a trabajar todos los españoles unidos contra la crisis. Y es que sólo se puede reinar sobre la realidad.

La visita de sus majestades se estructuró alrededor de tres lugares: la Colegiata de San Isidoro, en cuya sala Pendón de Baeza recibieron la Medalla de Oro de Castilla y León; el Palacio del Conde Luna -que inauguraron- y un acto en el Auditorio, en el que además del Rey intervinieron Juan Pedro Aparicio, Antonio Viñayo, Manuel Chaves -en representación del Gobierno- y Juan Vicente Herrera. Todas las intervenciones resaltaron la importancia del legado democrático hecho por León a Europa, y como de estas ha tenido ya el lector excelentes resúmenes, en días pasados, navegaré por otros mares. No obstante, destacar que el presidente de la Junta se definió como «castellano viejo orgulloso de ser también de León».

El Panteón isidoriano, donde reposan los reyes leoneses, es -para mí- una hermosa metáfora sobre la fugacidad. Fuiste, sí, en efecto pero hoy-¦ La vida hace distinciones jerárquicas, la muerte no. Sin embargo, el cristiano «Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás» pertenece a un ámbito espiritual superior a aquel otro «recuerda que eres mortal», que iba susurrándole el esclavo al general romano triunfador en las batallas. Todo pasa , venimos recalcando, pero no todo es destruido por el tiempo. Pervive la belleza, la verdad, el bien-¦ esos pálpitos que advertimos nada más entrar en la sagrada penumbra del edificio isidoriano. Por ello, la presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía en el Panteón tuvo un intenso valor testimonial y poético. Ciertos lugares tienen alma, y algunos hasta una misión que cumplir. En estos tiempos, no es fácil que acontezca una situación mítica, como lo fue la presencia del Rey en el lugar donde sus antepasados reposan, mecidos por los rez de los canónigos, centinelas de la bondad. A Don Quijote le hubiese gustado asistir al acto, aunque tampoco debemos descartar que haya estado, pues si la existencia de un caballero andante es rica en hechos asombrosos, aún más debe de serlo cuando ya no está sujeta a la dictadura de la materia. Por ello, me atrevo a pedirle a mi amigo el abad que recen también a diario por Don Quijote, cuyo santo sepulcro Unamuno propuso —en otros tiempos de crisis— que los españoles saliéramos a buscar. Actividad a actividad, el programa «Raíces», dirigido por Aparicio, va contribuyendo a difundir la importancia del legado realizado por Alfonso IX, y por el Reino de León, a la Europa democrática. Sólo con que arraigase este hecho capital, aunque hay muchos otros también muy notables, ya quedaría justificada la conmemoración. La Historia no debe quedar reducida a fechas y a fichas, aunque resulta curioso que últimamente en esta provincia tiras una piedra y descalabras a un medievalista, lo que ya no sé es cuántos de ellos lo son por ciencia infusa. Dentro de su visita, los Reyes inauguraron el Palacio del Conde Luna, con el alcalde, Francisco Fernández, como anfritión. El edificio que fue casa de la nobleza lo será a partir de ahora de la aristocracia de la inteligencia, al ser convertido en sede —entre otros usos—de la Universidad de Washington. Y en tan nobles aventuras quijotescas andan, entre otros, la decana de Ciencias y Humanices, Ana María Cauce, quien acaba de descubrir sus raíces leonesas, Anthony Geits y Luis Fernando Esteban. Todo pasa. Pero, como dijimos, quedan los ecos. En este caso, el de nuestros Reyes rezando en el mismo lugar donde otros monarcas lo hicieron siglos antes, creando así un círculo perfecto. La Historia es sólo un ahora que dialoga con el ayer. Y el corazón de un buen rey —no todos lo fueron, no todos lo son— perdura más que su espada. Lo escribió Machado: «Todo pasa y todo queda/ pero lo nuestro es pasar/».

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