Diario de León
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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Celebramos este Domingo una de las fiestas de más arraigo en el pueblo cristiano. En ella celebramos en esperanza el retorno de Jesús al Padre. El cristiano sigue a Jesús, con su mejor voluntad y un deseo grande de que el Reino llegue a plenitud, pero, después de haber hecho todo lo posible, sabe que todo queda por hacer... Y le invade la santa nostalgia del futuro (no del pasado), de que El vuelva. Ven, Señor Jesús. Una misión comenzada bajo la confesión de Jesús como el Señor, se alimenta con la esperanza de su futuro regreso. No es lo mismo esperar que tener esperanza. La comunidad cristiana no espera como quien hace balance del pasado y del presente para vislumbrar el futuro, sino que tiene la sensación de ser esperada, de vivir para una cita, de ser llamada a tener esperanza. Y esta esperanza trasciende, va más allá de todo cálculo, de toda contabilidad sobre las posibilidades del pasado y del presente.

Desde la Ascensión del Señor, algo de nosotros está ya en el cielo. Como todos los misterios de la vida del Señor, la Ascensión no sólo nos revela quién es Dios. Nos desvela también la profundidad y la altura de nuestra condición humana. En la glorificación de Jesús la humanidad ha sido investida con la dignidad misma de Dios. El, que siendo de condición divina no se avergonzó de llamarse nuestro hermano, abre con su glorificación el horizonte, hasta ahora insospechado, de esa nueva esperanza a la que nos llama.

Hay un gesto entrañable en el evangelio de hoy: nos dice que Jesús, al dejar a los discípulos los bendijo. Ahora, cuando comienza la nueva creación, una nueva historia de la humanidad, Jesús pronuncia una nueva palabra de bendición sobre aquel puñado de discípulos que reciben la misión de ser testigos el Resucitado. Se va después de habernos marcado una maravillosa tarea, la de repetir sus palabras y sus hechos a los hombres de nuestro tiempo. De nosotros depende hoy la causa de Jesús que nos ha encomendado su misión, movidos por el Espíritu. Podemos decir que la Ascensión es la fiesta de la esperanza. Es verdad que también lo es de nuestro compromiso y de la tarea encomendada.

Vale la pena recordar hoy también a María, la Virgen Madre. Ella ha sido -”también en esto-” la «primera cristiana», la que más de cerca ha seguido a Cristo en el camino de la cruz y en su triunfo.

Que también Ella sea para nosotros norte y guía en nuestra misión.

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