El paisanaje | Antonio Núñez
Nada por aquí, nada por allá
Trileros. Hará seis años que vino Zapatero a León para estrenarse entre los paisanos como presidente del Gobierno y mandó celebrar consejo de ministros en el Hostal de San Marcos. Acuérdese usted y déjese de monsergas sobre otras memorias históricas que no sean las promesas que iban a llover sobre la provincia: el AVE para el 2008, a buenas horas, el soterramiento de la estación del ferrocarril con fastuosos complejos comerciales y de ocio abajo, tal que las casas de putas, amén de jardines de Babilonia arriba, el palacio de congresos de la azucarerina Santa Elvira, que era muy golosa para algunos constructores locales, el Inteco virtual, la Ciudad del Mayor, cuyos potenciales inquilinos han palmado ya en silla de ruedas, el parador de turismo de Villablino, autovías por doquier como si el mapa de León fuera la Union Jack o una ikurriña, etcétera. Era de aquella tamaño el maná de euros que veías uno en la acera y ni te molestabas en agacharte.
Bueno, pues eso se acabó. Ha dicho el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, o sea Pepiño Blanco, el lugarteniente de Zapatero, que las otras públicas previstas para el próximo año se retrasarán hasta el siguiente o quién sabe. Para que se cumplieran las promesas presidenciales en León había comprometidas inversiones de tres mil millones de euros, aunque fuera a plazos. Medio billón de las desaparecidas de las pesetinas antiguas -y tan desaparecidas- que, divididas entre medio millón de cazurros, tocaba a un kilo por boina, ahí es nada. Así que lo único que se salva otra vez es el paso a nivel del Crucero, superviviente de todas las promesas electorales desde la transición para acá.
Este Gobierno tiene una política económica difusa, patidifusa, estrambótica, estravagante y, a lo que se ve, nada sostenible, lo más parecido al cuento de la lechera. Ahora el cántaro se ha roto y derrama tanto déficit que hasta Barack Obama, Nicolas Sarkozy y la Angela Merkel han tenido que llamar a Zapatero para decirle que él no es Topol, el lechero de El violinista en el tejado cantando lo de Si yo fuera rico . El problema es que si este desgraciado nuestro se cae nos deslomamos los demás.
Y queda la segunda parte, de momento, que consiste en subir el precio de la poca leche que le queda al pais, o sea los impuestos. Los miembros de un Gobierno zombi -"o muy sumbado-" que intentan ordeñar la vaca sin perder votos se contradicen unos a otros sobre subidas fiscales, congelación de pensiones, rebajas salariales a los funcionarios, etcétera, con lo fácil que sería simplemente recortar el número de enchufados a dedo en ministerios, autonomías, diputaciones y ayuntamientos, pero esa es una nómina intocable que forma parte de la plantilla clientelar de los partidos.
A fin de compensar el desbarajuste la última ocurrencia de Zapatero ha sido la de subir los impuestos a los ricos, si bien sin cuantificar en renta la diferencia entre ricos y pobres. Bono podría convocar un Pleno extraordinario del Congreso de los Diputados para ver si se aclara España o él mismo. En cuanto a León hubo un tiempo en que se decía que la provincia estaba entre Valles y Arroyos en alusión a dos conocidas familias que eran la órdiga. No creo que lo del presidente vaya por ellos, porque, además de ser pocos, tampoco se dejan. Tiemblen, más bien, en Ordoño y sus alrededores las vajillas de la clase médica y de cualquiera que gane tres mil euros al mes. En las clínicas dentales será el rechinar de dientes. Para nosotros los mileuristas es la eterna historia de siempre: gasofa, tabaco y alcohol. Ya no se sabe si el Gobierno nos quiere tomar el pelo, esquilarnos directamente o llevarnos por el buen camino a los que financiamos el superavit del Insalud con los vicios. Todo esto tiene que dar mucha risa en paises serios como los de Obama, Merkel o Sarkozy, donde seguramente pensarán que apostar por España es una quiniela. Por si acaso sale bien servidor se juega todos los días un euro a la primitiva.