Cornada de lobo | pedro trapiello
Descanse en guerra
Vendrán tiempos en los que Saramago será, como Cervantes y los grandes, un libro en lo más alto e inalcanzable de la estantería, allí donde los libros vagos o consabidos. ¿Les dirá algo Saramago a las generaciones que vienen?, porque vendrán veloces y voraces, más todavía, amorradas a lo suyo y al presente furioso en una vida cada más competida. ¿Les conmoverá su obra como lo hace hoy con sus lectores? Cuando el ochenta por ciento de la población mundial viva en grandes ciudades dentro de unas décadas, tal y como está previsto, Saramago (con su voz agraria y académica, risueña, rotunda y rebelada) ¿será sólo un eco reducido a departamentos de literatura, conmemoraciones editoriales y aniversarios?... No será poco. Seguro que en sus múltiples terruños patrios (medio mundo en su corazón ibérico) se le recordará hasta en centenarios y latirá una inmensa minoría curiosona que acudirá a los estantes altos de la librería a repasar con Saramago los sueños hechos balsa, las piedras hechas barco, los evangelios hechos trizas y la primera persona hecha un «nosotros todos».
Saramago insistió en el tópico de todo artista creador: «Sólo escribo para que me quieran y para no morir». Lo primero se le ha cumplido generosamente, aunque le profesa cierta tirria una derechona cerril y los que desprecian cuanto ignoran . Y en cuanto a lo de no morir, se dice que uno no muere hasta que alguien te recuerda y te nombra, así que habrá que echarle unos cuantos siglos más a Saramago. Muy cumplidamente, pues, podría decírsele «descanse en paz», pero me temo que no era ese el objetivo de supervivencia de José (sin don, porque el don lo tenía de suyo) Saramago.
¿En paz?... consigo mismo, quizá, es muy probable... pero en paz con el mundo de la injusticia y de la ceguera, jamás... su palabra, su escribir y sus ideas han venido siendo una terca y decente declaración de guerra a los ladrones de la tierra y de la razón, guerra a la que llama sin más armas que la palabra que agita. Pero vendrán nuevos ladrones que exigirán esta guerra y ahí resonará Saramago, porque en su tumba moral yo no pondrá el RIP de Requiescat in Pace , sino Requiescat in Bello... sólo es un deseo.