Cornada de lobo | pedro trapiello
Las tres joyas
Ni hechuras ni vidrieras son lo que más me interesa de la catedral leonesa. Los piedros y los cristales de esta fascinante maravilla gótica exigieron alguna vez ser desmontados, reconstruídos, reemplomados, restaurados o reinventados, así que algo ha perdido de su inocencia y verdad original esta catedral francesa en tierra de bárbaros pastorones. Por eso prefiero fijarme, más que nada, en tres de las muchas cosas que todavía están intactas, tal cual su primer día: el «antifonario gótico-mozárabe», un nacimiento de talla flamenca de una de las capillas de la girola y la apabullante sillería del coro, la más antigua del gótico español y en la que conviven lo divino, lo humano, lo bufo y lo goti-guarri en un duradero abrazo de nogal que sigue dando lecciones de gubia flamenca primorosa y de tolerancia pícara con la carne pecadora en aquella iglesia medieval de infiernos y cuaresmas, pero magnificiente, cantarina y algo tripalari.
El Nacimiento de la girola, también en nogal y tallado al gusto de Flandes por alguien de allí, no deja de admirarme cada vez que lo miro. Cuenta muchas y grandes cosas, es divertidísimo y su teatralidad abigarrada y colorista apresa la mirada un rato largo (lástima que no pueda verse más de cerca, aunque mejor para él). Tengo para mí que es el «belén» más chulo del mundo, ¿pasa algo?...
Y finalmente está ese librote de trescientas páginas escritas y miniadas sobre pellejo de borrego, un antifonario mozárabe que en realidad es hispano-godo, una transcripción ilustrada, un flipe en colorines y signos enigmáticos, muy enigmáticos, tanto, que nadie hasta ahora ha logrado descifrarlos. Ni los más listos. Son signos musicales y es el registro fiel de cómo cantaban y sonaban las iglesias de la Hispania goda hasta que llegó un Alfonsón de León embutiendo monjes franceses en todo el reino y decretando el «gregoriano» en vena y con excomunión. Ese antifonario guarda sonidos y armonías desconocidas, pero se muestran insondables y ese gran misterio suyo le convierte en inquietante joya e imán.
Propuse algo hace tiempo para intentar descifrar este códice litúrgico, pero aquí las buenas ideas o se pudren o te las roban. Aun así, insistiré.