Diario de León

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Una exposición, cinco corazones

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En arquitectura, los grandes logros suelen ser espirituales. La rehabilitación del Palacio del Conde Luna llevada a cabo por Sáenz de Miera y Melquíades Ranilla figurará entre los grandes logros de nuestra arquitectura contemporánea. Un espacio convertido en atmósfera, en estado de ánimo individual y colectivo. Y es en este edificio donde tiene su sede la exposición «Raíces. El legado de un Reino. León 910- 1230», inaugurada el pasado martes por el alcalde, Francisco Fernández, y por la consejera de Cultura de la Junta de Castilla y León, María José Salgueiro, institución a la que le ha correspondido el esfuerzo económico de financiarla. El subtítulo nos desvela el reto: difundir la trascendencia del Reino, su aportación a valores hoy asumidos como universales, y todo ello de una forma amena, compatible con el rigor y los avances tecnológicos. José Manuel Rodríguez Montañes es el comisario de esta muestra con cinco sedes, pues desde el Palacio se bifurca hacia otras cuatro: la iglesia de Palat del Rey, San Isidoro, la Catedral y el Museo de León. Por tanto, cabe definirla de wagneriana , en lo concerniente a sus espacios, pues además de esas cinco sedes, cinco corazones independientes pero bombeando en un mismo cuerpo, propone recorridos por todas las provincias que formaron parte del Reino.

Rigor y divulgación. Contemplación y participación (casi todo es tocable , en contraposición a las exposiciones con líneas que no debes traspasar). No sé si estamos ante la madre de todas las exposiciones, pero es deseable que tenga numerosa descendencia , desde su condición de plataforma para el futuro Centro de Interpretación del Reino y/o el Museo del Reino de León.

Ayer centré mi visita en el Palacio y en Palat, para realizar el recorrido como me gustaría que lo hiciese el turista: sin prisas, en al menos dos jornadas, tomándose pequeños respiros gastronómicos y lúdicos entre sede y sede, ya que entre monarca y monarca podría resultar excesivo. Otro día haré el resto. Por cierto, ya la ha visitado Carlos Amigo, cardenal y arzobispo emérito de Sevilla, uno de los sacerdotes que ha sabido escribir textos accesibles y a la vez profundos. Y es que no puede divulgar quien sabe poco, sino quien sabiendo mucho, te conduce hacia lo esencial; también lo han logrado Aparicio y Rodríguez Montañés.

Aunque cultura y turismo pertenecen a ámbitos diferentes, ya nadie puede dudar su potencial conexión, y más en una provincia como la nuestra, donde la más densa obra de un autor puede dar lugar a unas jornadas de poesía de éxito multitudinario. Así lo está sabiendo proyectar Salgueiro, de cuya consejería dependen ambas competencias. Y debemos recalcar que resulta indispensable convertir la amabilidad con el visitante en una seña de identidad de la ciudad. Tanto en el Palacio como en el Palat fui muy bien atendido.

Las raíces importan en cuanto son el origen del árbol y de un bosque. Cada sede aborda desde una óptica diferente pero complementaria la historia del Reino, pero es el Palacio desde donde debe iniciarse el recorrido, pues es donde se establecen las bases cronológicas para montar el puzzle. Merece la pena sentarse a escuchar a las voces de Aparicio y de Keane, a leer los textos, perderse en las genealogías. Tómense su tiempo. Del mismo modo que un Reino ha de ser mucho más que un hombre sentado en su trono, tampoco las exposiciones hay que contemplarlas como escaparates. Sus posibilidades pedagógicas son inmensas.

En Palat, encontramos la historia de las diócesis del Reino. Y entre otras reproducciones, unas muy bellas del Cristo de Carrizo y del cáliz de doña Urraca; al coger esta entre mis manos sentí una intensa vibración, será porque no milito en la cofradía de quienes reducen la Iglesia a la Inquisición.

Gracias a la colaboración entre dos instituciones se ha logrado mucho más que una gran exposición: autoestima. Por su parte, el presidente de la Fundación León Real, el leonesista Javier Chamorro, cuenta en un artículo que la recuperación del Palacio le ha recordado su infancia, cuando su padre le hablaba de los reyes leoneses. La Historia con mayúsculas está siempre hermanada con la tuya propia, esa que se escribe con minúscula, pero sólo a efectos ortográficos.

Y de todo esto ¿qué quedará tras la clausura? Lo esencial: aquello que nos haya enriquecido la percepción que teníamos de nuestra Historia y nos motive a ser mejores, que no superiores; la importancia de haber sido la sede del primer parlamentarismo democrático, en una forma embrionaria, sí, pero que ya transmitía anhelo de una sociedad más justa-¦ También, ay, un sentido de lo fugaz. ¡Qué rápidos pasan los siglos!, ¡cuántos ideales malogrados, heridos o vapuleados! Sin embargo, qué extraordinaria aventura es vivir. Fuimos y, mejor aún, somos. La exposición te enseña y motiva a saber más. Me quedan tres sedes. Otros tres corazones.

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